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En el retablo de Santa Marina de 1602 ya aparecían esos diabólicos canes y también en el de 1730 con un fondo dorado. En el escudo de la villa aparecen con una pierna levantada y la cola alzada con boca abierta y lengua colgante mostrando una expresión feroz.
Esos canes del averno sembraron el terror en los animales de la zona a los que atacaban, asesinaban y bebían su sangre, pero en realidad nadie los vio, sólo presentían su presencia demoniaca a través de unos ojos terroríficos que brillaban en la negra noche.
En la entrada del pueblo, en la actualidad, aparece la imagen de un perro más amable pero se echa de menos aquellos canes endiablados de las antiguas leyendas fruto de la imaginación popular o quizá de algún hecho difícil de explicar.
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| Escudo del pueblo donde podemos distinguir a un dip, un perro vampiro de la leyenda a la que hacemos referencia. |
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