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petiso-orejudoEl Petiso Orejudo

Asesino de niños, el más destacado en aquellos años en Argentina por su barbarie su ironía y por ser un niño tan lleno de maldad que conmocionó a la opinión pública porteña del mundo, de un mundo donde los medios masivos de comunicación todavía no estaban tan vigentes.

 

En la capital argentina existía un monstruo, un ser maldito, macabro con una crueldad hasta los extremos más desconocidos. Buenos Aires se transformaría de a poco en una ciudad que perdería la tranquilidad, se había apoderado un pánico colectivo puesto que la ola de crímenes se pudo comparar con la del asesino Jack "el destripador" o el "Vampiro" en Düsseldorf.

La familia Laurora estaba en su domicilio, todos sentados a la mesa, el esposo, la mujer, su hijo de siete años, pero sus rostros de preocupación eran muy evidentes, algo andaba mal, faltaba Arturito, el mayor, su comportamiento no era nada normal, comentaba su madre sorprendida y preocupada, esa ausencia de ya varias horas inquietaba a la familia. Su padre, quien demostraba su verdadero estado de ánimo, se dirigió a la comisaría 13ª a dar respectivo conocimiento a las autoridades. Ya han pasado 24 horas desde la desaparición de Arturito, su padre ya presiente lo peor y piensa para sus adentros que habría tenido un accidente y nadie se había percatado de ello, o que había caído en las manos de un monstruo.

Mientras tanto el agente Gallardo, por las esquinas de Pavón y Solís, vigilaba su territorio asignado como era costumbre en aquellas épocas donde la movilidad no era lo que es hoy día. Y de pronto se le acercan dos desconocidos y se identifican: uno como Francisco L... y el otro como Jerónimo M... :
- Agente - Le dijeron agitados.
- Venimos de ver la casa de Pavón Nº 1541 que está vacía y en alquiler y vimos dentro el cadáver de lo que parece ser un niño.
Antes de una hora de esta denuncia, ya el agente había dado parte al comisario Eduardo Vivas, todos los agentes de guardia en esa zona arribaron al lugar y se encontraron con la macabra escena, en el piso se encontraba con las piernas entreabiertas el cadáver de un niño de no más de 14 años que por la descripción que había dado su padre no había lugar a dudas: era Arturito, alrededor del cuello tenía varias veces enroscado un piolín (cordón que utilizaba para atarse los pantalones).

Su padre, el señor Laurora trató de contener el llanto al tener que reconocer el cadáver de su pequeño hijo, esa familia ya no sería la misma con un hermoso hijo y de la noche a la mañana ya no lo tenían más con ellos, un monstruo se había apoderado de su inocente vida. Rápidamente se comenzó la investigación de este horrendo crimen, se investigó desde la sirvienta que tenía las llaves que entregaba a los interesados en alquilar la vivienda hasta los vecinos más cercanos al lugar pero no pudieron acercarse a nada concreto.

Era un personaje, cínico cuando estaba por matar a un niño y alguien se acercaba, para despistar, pues simulaba que él mismo lo encontraba, haciéndose pasar por un ciudadano que colaboraba con la justicia.
Pero el comisario, al ver una denuncia del propio padre de la víctima, comenzó a desconfiar de este ser, que era un niño, pero también la encarnación del mismo demonio.

Fiore Godino, como se llamaba su padre italiano que residía en el país hacía 18 años y era casado y con profesión de "Farolero", dejó asentado que tiene un hijo llamado Santos Godino de 9 años, que es totalmente rebelde a la autoridad de sus padres, que molesta de forma continua a los vecinos arrojándoles piedras e insultándolos con palabras que no hacen al vocabulario de personas civilizadas. Lo entrega a la autoridad policial para que lo recluya en donde crea conveniente. Pero como el comisario todavía no tenía las pruebas suficientes para declararlo culpable, el pequeño monstruo fue puesto en libertad, y nuevamente estaba libre, acechando a cualquier inocente criatura que pudiera convertir en presa de sus depravadas locuras de muerte. Para la ley todavía cabía la pregunta, ¿quién sería el asesino?.

Sigue el horror en Buenos Aires.

petiso-retratoCaminaba un tal Smith rumbo hacia su casa cuando escuchó unos llantos de miedo, al pararse frente a la puerta de donde procedía ese extraño llanto, se asomó y encontró a una niñita de cuatro o cinco años llorando sin consuelo, y a su lado un jovencito de enormes orejas que la intentaba consolar. Cuando el señor Smith preguntó qué sucedía, el joven dijo que había escuchado los mismos llantos que él y entró a consolarla, y continuó diciéndole que tal vez se escapó de sus padres y se extravió. El extraño ser de orejas apantalladas dijo conocer dónde vivía y, junto al señor que había interrumpido un posible crimen, la entregaron a sus padres.

Pasados algunos días, después de lo relatado anteriormente, un agente de policía en la puerta de una casa de la calle Urquiza, encontró a otra niña que tenía apenas tres años, llorando y a su lado este extraño personaje de orejas enormes intentando calmarl. Se repitió lo mismo diciendo que sabía dónde vivía, y ambos también la entregaron a sus padres frustrando otro crimen del Petiso Orejudo, pero estas personas lo hicieron sin saber de la bestia que estaba a su lado.

Asesino y también incendiario

Dos hechos en los cuales estuvo posiblemente implicado, pero jamás se pudo comprobar, ¿quién iba a notar que un niño sería el autor de los incendios?.
petiso-piromaniacoUno fue en un corralón de maderas en la calle Carlos Calvo al 3900, el otro en la estación de Tranvías Anglo Argentina. Este último fue apagado a tiempo, el anterior, por tener un elemento muy combustible, lamentablemente no pudo apagarse.
Santos Rodino, como todo criminal, tuvo una infancia horrible y llena de sinsabores, con un hermano epiléptico que vez tras vez había que sostenerlo entre varias personas para que no se matara contra las paredes en sus repentinos ataques, con un padre alcohólico que no hacía otra cosa que maltratar a su madre y para completar, siendo muy pequeño, su progenitor le dio una paliza por la que hasta el día de sus crímenes guardaba cicatrices en la espalda.

Dos niñitos en un zaguán jugaban, y Godino con sed mucha sed de sangre, la niñita se negó a ir con él pero el varoncito de tres años cuando el monstruo le ofreció caramelos, dijo que sí, éste lo condujo a un lugar apartado, le dio vueltas en el cuello un piolín que llevaba y terminó con la vida de este bebe y creyendo que estaba aún vivo encontró un clavo que le atravesó en la sien, sintió alivio y observó su obra casi perfecta para su mente.

Cuando se retiraba, un hombre cualquiera le preguntó si no había visto a su hijito de tres años y le contestó que en la policía le darían información, Santos Rodino jamás pensó que estas serían sus últimas y malvadas andanzas.

Otra de sus víctimas Jesualdo Giordano fue atada de pies y manos y atravesado el cráneo con un clavo de tres pulgadas.
Mediante las pericias de aquella época que no tenían los avances de la tecnología que hoy día se usa para descubrir a asesinos seriales Cayetano Santos Godino fue atrapado en su domicilio el 3 de Noviembre de 1912, este cruel asesino, durante el interrogatorio a pesar que se le encontró un piolín de las mismas características que el que tenían sus víctimas se mantuvo en una negativa profunda, la justicia decidió llevarlo a la morgue para mostrarle el cadáver del niño y camino a ese destino decidió confesar, todos quedaron perplejos ante tan atroces declaraciones.

Cronología de sus crímenes

El 28 de septiembre de 1904, contando con apenas 7 años, Cayetano da inicio formal a su carrera criminal, a fuerza de engaños lleva a Miguel de Paoli, de casi dos años hasta un baldío y allí lo golpea para luego arrojarlo sobre un montón de espinas, un policía que pasaba se percata de lo sucedido y lleva a ambos niños a la comisaría de donde serían recogidos mas tarde por sus respectivas madres.

Al año siguiente, Cayetano agrede a su vecina Ana Neri, de apenas 18 meses. Le conduce hasta un baldío en donde le golpea repetidamente en la cabeza con una piedra. Nuevamente es descubierto por un policía quién pone fin al ataque y le detiene, pero, dada su corta edad es dejado en libertad esa misma noche.

El 9 de septiembre de 1908 vuelve a las andadas, conduce a Severino González Caló, de 2 años, a una bodega ubicada frente al Colegio del Sagrado Corazón, ahí lo sumerge en una pileta para caballos cubriéndola después con una tabla para ahogar al pequeño. El propietario del lugar, Zacarías Caviglia, descubre la tentativa pero Godino se defiende diciendo que el niño había sido llevado hasta allí por una mujer vestida de negro de la que suministra señas particulares. Es conducido a la comisaría de donde es recogido al día siguiente.

Homicidio de una niña de un año que fue enterrada viva.

El 15 de septiembre de 1908 quemó los párpados de Julio Botte, un niño de veintidós meses con un cigarrillo. La madre de la víctima lo descubre, pero logra escapar a tiempo.

El 17 de enero del fatídico 1912 Cayetano, quién ya es conocido en las calles con el sobrenombre de "Petiso Orejudo", se introduce en una bodega de la calle de Corrientes y da rienda a otra de sus grandes pasiones; el fuego. El incendio que provoca tarda cuatro horas en ser sofocado por los bomberos. Después de su arresto declararía:
"Me gusta ver trabajar a los bomberos. es lindo ver como caen en el fuego."

El 26 de enero de 1912 un crimen aterrador conmueve a la sociedad porteña. El cadáver Arturito es encontrado. Arturo Laurora fue golpeado y torturado, se encontró con un trozo de cordel atado alrededor del cuello.

El 7 de Marzo de 1912 prendió fuego a la ropa de la niña Reyna Bonita Vaínicoff de tan solo cinco años que falleció a raíz de las quemaduras.

En los meses siguientes el Petiso causa dos incendios más que son controlados fácilmente por los bomberos sin que se produzcan víctimas.

El 25 de Agosto de 1912 asesinó a un menor de 12 años.

El 24 de septiembre, mientras trabaja en una bodega propiedad de Paulino Gómez, Cayetano mata de tres puñaladas a una yegua. No fue detenido por falta de pruebas. Apenas unos días después prende fuego a la petiso-victimasEstación Vail de la compañía de tranvías Anglo-Argentina, el incendio fue controlado por los bomberos.

En noviembre 8 el Petiso Orejudo, con engaños como siempre, convence a Roberto Russo de 2 años a acompañarlo a un almacén en donde supuestamente le compraría unos caramelos. Le lleva hasta un alfalfar a pocas cuadras en donde le ata los pies y procede a ahorcarlo con un trozo de la cuerda que usa para atarse los pantalones, son descubiertos por un peón del alfalfar quién los entrega a las autoridades. Cayetano declara haber encontrado atado al niño y estarlo rescatando cuando son descubiertos, es liberado por falta de mérito.

El 16 del mismo mes, en un baldío situado en las calles de Deán Funes y Chiclana, intenta golpear a Carmen Gittone de 3 años. Un vigilante hace acto de presencia y el agresor consigue escapar. Días después, el 20 de noviembre, se lleva de la esquina de Muñiz y Directorio a la niña Catalina Naulener de 5 años. Busca un baldío por la calle Directorio, pero antes de encontrarlo la menor se resiste a seguir. Godino se descontrola y la golpea. El dueño de la casa ubicada en el número 78 de la mencionada calle interviene y Cayetano logra huir de nuevo.

El último crimen del Orejudo es probablemente el mejor documentado de su espectacular carrera, su víctima, Gerardo Giordano de apenas tres años sale, como todas las mañanas después de desayunar con sus padres, de su casa ubicada en la calle Progreso número 2185 para reunirse con sus amiguitos y jugar a todo aquello que acostumbran jugar los niños en esa edad. Esa misma mañana del 3 de diciembre, a pesar de los acostumbrados gritos de su padre, Cayetano sale de su casa ubicada en Urquiza 1970, ya lleva clavada entre los ojos la determinación terrible de matar.

Después de vagabundear un rato por las calles, Santos Godino encuentra, en la calle Progreso un grupo de chicos jugando. Se les suma sin despertar ninguna sospecha porque, después de todo, su aspecto de idiota siempre le ha permitido ganar la confianza de sus víctimas.

Poco después consigue convencer a Gerardo para que lo acompañe a comprar unos caramelos. Un rato antes y sin éxito, invitó a Marta Pelossi, de 2 años de edad; pero la menor, asustada, se refugió en su domicilio. Así pues, víctima y homicida se encaminan sin apuro hacia el almacén ubicado en Progreso 2599 en donde compran dos centavos de caramelos de chocolate. Enseguida el más chico los reclama, pero Godino, imperturbable, resuelve dosificarlos: le permite algunos, y le promete los demás si acepta acompañarlo hasta cierto lugar alejado, la Quinta Moreno.

Una vez en la entrada, el chico llora y se resiste a entrar. Pero el asesino lleva hecho demasiado, ni siquiera vacila: lo agarra con violencia de los brazos, lo introduce en la quinta y lo arrincona cerca de un horno de ladrillos. Lo derriba con fuerza y lo aquieta poniéndole la rodilla derecha sobre el pecho. Godino conoce el mecanismo: con apuro, pero sereno, se quita el piolín que lleva por cinturón (se trata de esos lazos de algodón que se utilizan en albañilería para sostener las plomadas), y empieza a enrollarlo en el cuello de Gerardo, le da 13 vueltas y procede a estrangularlo. Pero Gerardo intenta levantarse, así que Cayetano procede a atarle de pies y manos cortando la cuerda con un cerillo encendido. De nuevo procede a asfixiarlo con el cordel pero el chiquillo se resiste a morir. Una idea cruza por la mente de Cayetano; ¿Por que no atravesarle la cabeza con un clavo?

Uniendo la acción a la idea el Petiso se da a la tarea de encontrar la herramienta deseada, su búsqueda le lleva al exterior del local en donde topa con el padre de Gerardo quién le pregunta por el paradero del niño, imperturbable, Cayetano, le responde no haberlo visto y le sugiere dirigirse a la comisaría más próxima a levantar un reporte.

Mientras tanto el Orejudo encuentra un viejo clavo de 4 pulgadas, regresa con él junto a su víctima, usando una piedra como martillo lo hunde en la sien del niño moribundo y después de cubrirlo con una vieja lámina de zinc huye de la escena del crimen.

Esa noche, durante la velación de su víctima, Cayetano hace acto de presencia. Después de observar durante algún tiempo el cadáver de Gerardo huye llorando del lugar. (Según declaró posteriormente, deseaba ver si el cadáver aun tenía el clavo en su cabeza) Para su desgracia dos policías, el Subcomisario Peire y el principal Ricardo Bassetti ya habían ligado cabos con casos anteriores y esa misma madrugada se allanó el hogar de los Gordino arrestando a Cayetano, encontrando en sus bolsillos un artículo de periódico aun fresco que relataba los pormenores del asesinato y en sus pantalones restos del piolín con que había intentado ahorcar a Gerardo.

La Condena
El 4 de enero de 1913 ingresó preventivamente al Hospicio de las Mercedes, donde intentó asesinar a varios internos. Debido a los informes médicos que lo declaraban un alienado mental, el juez Oro lo sobreseyó por considerarlo irresponsable de sus actos, y ordenó que permanezca en el Hospicio. Este fallo fue confirmado por el juez de segunda instancia, pero el 12 de noviembre de 1915 la Cámara de Apelaciones lo condenó a cárcel por tiempo indeterminado, porque no era un imbécil absoluto como lo establecía el art. 81 del Código Penal. La Cámara además sostuvo que había mejorado debido al tratamiento dado en el Hospicio, por lo que el 20 de noviembre ingresó en la Penitenciaría Nacional. El 28 de marzo de 1923 Godino fue finalmente trasladado al penal de Ushuaia. A comienzos de 1933 estuvo un tiempo en el hospital del penal por la paliza que le dieron los presos luego de matar a un gato, mascota preferida por los presos, Santos Godino lo arrojó vivo a una estufa. A partir de 1935 estuvo constantemente enfermo y sin recibir visitas, hasta que murió el 15 de noviembre de 1944 en condiciones poco claras. También se dice que murió por secuelas de la brutal paliza que recibió tiempo atrás.
Nadie sabe si se llevó más crímenes a la tumba.

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