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Yo no quería que pasara esto, la culpa fue de ellas por querer subir al desván, les dije que pasaría esto pero no me hicieron caso... Ahora están enfadadas conmigo y no querrán volver a jugar nunca más. No me importa: no las necesito, nunca ha necesitado a nadie.

Cuando entraron en mi casa dijeron que estaba sucia y que olía mal. No tendrían que haber dicho nada, mamá ya no puede hacer muchas cosas, no es que no se preocupe por mí, es sólo que está muy cansada. Se burlaron de los muebles porque son viejos y algunos están estropeados; tampoco quisieron las galletas que les ofrecí, dijeron que estaban blandas, pero es que yo no se cocinar muy bien y además casi nunca tengo hambre. No quería que se fueran, así que hice como si todo lo que decían no me importara, pero estaba empezando a enfadarme. Fue entonces cuando me pidieron que les enseñara mis muñecas... Insinuaron que eran feas y que por eso no quería enseñarlas; pero no es eso, de verdad, es solo que no quería que entraran en el desván porque cuando alguien sube allí siempre pasan cosas malas. Pero ellas no me hicieron caso y subieron sin mi permiso, así que esta vez no fue culpa mía.

Subí detrás de ellas e intenté convencerlas de que no hicieran nada; me empujaron y abrieron la puerta... Al principio no hicieron ni dijeron nada y pensé que me había equivocado con ellas, así que encendí la luz para que pudieran ver mis juguetes y cerré la puerta. Entonces se pusieron a gritar, no se porqué lo hacen pero siempre es igual. Es verdad que algunas están un poco estropeadas y les faltan partes: unas no tienen cabeza y otras brazos o piernas, pero a mí me parecen muy bonitas. La verdad es que mamá también gritó mucho la primera vez que las vio, se enfadó conmigo y me pegó; me mandó a un sitio que se llama cementerio, pero como estaba frío y húmedo decidí que quería volver a casa... mamá se cayó al suelo cuando me vio y nunca más volvió a hablar ni a hacer nada, pero yo se que un día se curará y volverá a jugar como antes.

Mis amigas seguían gritando y daban patadas en la puerta para salir. Pero yo quería que se quedaran conmigo, así que tuve que hacerlo (pero os prometo que no quería que se enfadaran), les quité la cabeza con el cuchillo, como hice cuando mis otros muñecos gritaban... No debió gustarles porque ya no quisieron hablarme, me quedé un rato mirándolas, pero no me dirigieron la palabra. Cuando me cansé de esperar salí del desván y cerré la puerta tras de mí. Bueno, algún día dejarán de estar enfadados todos conmigo y podré jugar con ellas...

Supongo que estoy sola otra vez, pero no me importa. Mañana saldré a buscar más niños; siempre se vienen a casa, aunque sea un rato. Si me ves tú ¿ querrás jugar conmigo?.

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