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Historias de Asesinos

Las primeras crónicas criminales sobre depredadores de víctimas nos llegan ya desde la edad media y todavía hoy no sabemos si el criminal nace o se hace.

Hasta que la criminología y la criminalística den una respuesta, todavía no conocemos las variables que posiblemente el medio social acaba convirtiéndose en la fértil tierra donde crece la simiente del mal.
Los criminales sólo se pueden estudiar una vez han cometido sus crímenes, cuando no hay vuelta atrás. Desde ese instante se empieza a examinar y catalogar a que especie de depredador pertenece el criminal, si a un sádico, un psicópata perverso, o a un determinado tipo de asesino serial o esporádico.

¿Será posible dejar de alimentar la semilla para prevenir el horror fatal y definitivo?.

Hasta ese momento cualquiera puede ser un asesino en potencia, de pronto tu vecino, o cualquier individuo que anda por la calle puede sentir un estallido de venganza por opresión o después de una profunda depresión.

El comportamiento humano es y será siempre impredecible. Os invitamos a que os adentréis en las tinieblas de la mente humana y donde todo lo aparentemente normal y tranquilo de pronto, se convierte en horror.

Hace mucho tiempo, había cierto chico de nombre aún desconocido para todos, incluso para él mismo. Nadie sabe donde nació, ni donde se crió ni quienes fueron sus padres. Estaba mal visto en el pueblo, pues se decía que su padre era Satanás y que el sólo verlo traería mala suerte.

El viento hacía crujir los árboles, el bosque apenas visible tras esa niebla que cubría con espesura todo el dominio de la visión humana. Los dos cazadores caminaban apenas sin ver en medio del viento ensordecedor, dos hombres jóvenes de unos treinta años de cuerpos musculosos estaban allí reunidos para intentar cazar sus piezas.

¿Cuántas veces te pedí que callaras? ¿Cuántas veces pedí que te tranquilizaras? Pero de nada sirvió, tu continuaste gritando e injuriándome, y con cada grito e insulto acababas con mi paciencia, acababas con mi cordura; ninguno de mis argumentos pudieron apaciguarme, por varios minutos me vi obligado a permanecer en esa cocina, escuchando tu voz chillona que me regañaba, escuchando los gritos que acababan con mi cordura.

-¡Qué susto! Creía que eran ladrones, ¿lleva mucho tiempo aquí?.

Una sexagenaria rolliza asomó la cabeza, mostrando un periódico enrollado en una mano y un manojo de llaves en la otra.

-¿Edna?... no, ¿verdad?

Eludió a la patrulla fronteriza por sus habilidades atléticas. Ningún policía pudo alcanzarlo, y los perros que le pisaron los talones acabaron echados y con la lengua fuera, babeando en señal de cansancio y de sed. El fugitivo se perdió de vista y enseguida fue descrito a los cuerpos policíacos competentes, que se movilizaron sin tardanza para dar con el indocumentado.

Cuantas veces se culpa a la conciencia de los malos actos. Esas voces internas que nos consumen y que nos hacen incluso llorar. Carlitos era un chico retraído, normalmente medicado por sus padres para combatir su síndrome del niño mal atendido.

El cuchillo cayó al suelo, junto a mis pies. Estaba manchado de sangre. Como mis manos. Observé durante breves instantes el cuerpo que yacía a pocos metros de mí. Cerré los ojos al sobrecogerme ante la expresión de terror que el cadáver manifestaba.

¿Qué hace ahí? ¿Por qué no se puede mover?... ¿Cadenas?... Todo su cuerpo desnudo esta inmovilizado con cadenas. Llegó a esa casa invitada tras un cocktail ... Un cocktail tras una exposición a la que fue... Lo recuerda muy vagamente... Pero a ella si la recuerda...

Hola. Me llamo Willard Fox, actualmente vivo solo, en una pequeña cabaña, en lo más
profundo del bosque. Estoy aquí no por gusto, aunque debo admitir que este lugar tan acogedor realmente es una maravilla, sonaré tonto pero me siento como un enorme oso invernando, este lugar es tan confortable que me hace sentir como en mi propio hogar, no que va, ¡mucho mejor! ...pero bueno, les decía que no estoy aquí meramente por gusto, si no por haber hecho unas cuantas cositas muy, pero muy malas.

En un pueblo lejano, la gente era amable, honesta y sincera entre ella. Pero no todo el mundo era así, en una casa, a lo alto de una colina había un señor de mediana edad que vivía desde hacía veinte años solo debido a la muerte de su esposa. La muerte de su esposa fue desconocida y su cadáver nunca fue visto más que una sola vez que el marido la mostró a los policías.

Mónica estaba perfecta, su decimosexto cumpleaños y se había puesto sus mejores galas para salir de fiesta con sus dos buenas amigas Inés y Emia. Quedaron para ir a cenar y mas tarde se fueron de fiesta...a esto que el reloj de Mónica marcó que eran las 4 de la mañana y que por lo tanto debía irse, ya que había prometido a su madre que estaría en casa a las 4:30.

Cuentan las viejas lenguas que una mujer se quedó embarazada, dando a luz una preciosa niña en el año 1984. El embarazo había sido muy pesado y el parto muy doloroso. Le pusieron de nombre, Lorena. Fue creciendo aparentemente normal como cualquier otra niña, durante los primeros años, pero ella era diferente, y a pesar de los esfuerzos que sus padres realizaban en su educación no había forma de evitar sus extrañas y melancólicas conductas que no hacían más que apartarla de todos los demás.

Las noches por ahí eran sanguinarias, se podían ver centenares de muchachos
encapuchados y con el pecho descubierto conformando pandillas que a la señal de un
furibundo grito corrían atestados de hierros, picos de botella, verduguillos y hasta
revólveres a cruentas batallas que duraban hasta que cualquiera de ellos sea muerto...

El doctor Hitman era uno de los mas prestigiosos psiquiatras en Detroit. No era muy alto, era un poco rechoncho, tenía los pies mas bien grandes y sus manos ásperas. Tenía una voz de lo mas inquietante, no era muy grave, pero tampoco aguda, y le faltaba un poco de pelo.

Todo comenzó en un pequeño pueblo que se encontraba escasamente poblado y situado a las afueras de la ciudad, en este pueblo vivía un matrimonio con una hija llamada Alicia que pocas veces estaba allí ya que tenía 15 años y como todo adolescente sólo pensaba en divertirse, por lo que solía quedar con sus amigas del
instituto para quedarse el resto del día en la ciudad hasta las 8 de la noche, hora en la que su padre salía de trabajar para llevarla al pueblo(excepto los sábados).

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