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Historias de Asesinos

Las primeras crónicas criminales sobre depredadores de víctimas nos llegan ya desde la edad media y todavía hoy no sabemos si el criminal nace o se hace.

Hasta que la criminología y la criminalística den una respuesta, todavía no conocemos las variables que posiblemente el medio social acaba convirtiéndose en la fértil tierra donde crece la simiente del mal.
Los criminales sólo se pueden estudiar una vez han cometido sus crímenes, cuando no hay vuelta atrás. Desde ese instante se empieza a examinar y catalogar a que especie de depredador pertenece el criminal, si a un sádico, un psicópata perverso, o a un determinado tipo de asesino serial o esporádico.

¿Será posible dejar de alimentar la semilla para prevenir el horror fatal y definitivo?.

Hasta ese momento cualquiera puede ser un asesino en potencia, de pronto tu vecino, o cualquier individuo que anda por la calle puede sentir un estallido de venganza por opresión o después de una profunda depresión.

El comportamiento humano es y será siempre impredecible. Os invitamos a que os adentréis en las tinieblas de la mente humana y donde todo lo aparentemente normal y tranquilo de pronto, se convierte en horror.

Siempre era rechazado por todos... nadie le ayudaba, nadie le daba cobijo, todos le despreciaban... un anciano de ochenta y seis años, pobre y mísero, sin dinero, con harapos, sin un techo... y el único lugar que tenía para resguardarse de las constantes lluvias era una destartalada y polvorienta iglesia que se había conservado intacta durante más de un siglo, a causa de, según la gente del pueblo, la custodia del ángel caído sobre ella.

¿Se puede pagar con cheque de restaurant? Preguntó Alissa, con una voz de amabilidad, Sí señorita, por aquí por favor. La mesera dirigió a Alissa a la parte de pago.

COS, COS, aquí 221.

Adelante para COS – escupió la emisora, con un sonido metálico que distorsionaba la voz.

Sí, el incendio que nos ha participado. Es negativo. Es solamente una quema de rastrojos, pero está controlado. El hombre está junto a la hoguera.

— El ácido sulfúrico —dijo el profesor frente a la clase— se obtiene a partir de azufre, aire y agua. Cuando está a temperatura ambiente es un líquido incoloro, inodoro y muy corrosivo —explicó, y levantó el tubo de ensayo para que todos pudieran verlo—. Su uso más frecuente es en la industria y su fórmula —escribió en el pizarrón— es H2SO4. Este Ácido concentrado, llamado por los antiguos alquimistas aceite de vitriolo, destruye la piel y la carne, y puede causar ceguera si se introduce en los ojos. ¿Verdad González?

En el año 1789, en Inglaterra vivía Julliette, una niña de 10 años. Esta chica vivía con sus padres, que eran ricos. Vivían en una mansión, con dos plantas y muy luminosa, su padre era uno de los banqueros más ricos de la ciudad.

Todos me consideran tonto. Mis papás siempre dicen, "Este hijo nuestro, de listo no tiene un pelo". Yo no les odio. Por algo son mis papás. Cuando iba al colegio, todos se reían de mí. Me tenían aparte como si oliera mal. Y siempre cantaban: "Lucas es tonto. Tonto de Lucas. No sabe escribir ni leer. Tonto de Lucas. ¿Para qué vienes al cole, si eres tan tonto?" Siempre lo mismo.

Agatha era una niña de 13 años de edad, que rebosaba de alegría y hacía felices a muchas personas con su presencia. Tenía una particularidad de dejar en las cortinas, con un alfiler de gancho, enganchadas notas con mensajes como "te quiero mami" o "salí, vuelvo a las seis".

Las normas estaban claras. Cada gemela compraría el regalo de la otra por separado, saldrían en direcciones opuestas por la zona comercial y si se cruzaban disimularían con un gesto de cabeza y mirando para otro lado. Justo una hora después, con todo bien empaquetado, volverían a encontrarse en la puerta del cine.

Era final de Agosto, las vacaciones estaban a punto de finalizar la rutina se acercaba a toda prisa y eso era algo que la atormentaba, sus hijos se habían independizado y el marido se había vuelto apático no salía casi nada, se pasaba horas enteras delante del televisor, por lo que tenia decidido darle un cambio a su vida y que mejor que buscarse un trabajo, todavía estaba de muy buen ver y además preparada, había sido secretaría de un despacho muy importante de Barcelona.

El abuelo acariciaba la humeante taza del café y se sobaba sus frías manos, producto del helado clima de afuera, donde yacían los árboles muertos con nieve amontonada sobre sus raíces. Se encontraban en época de invierno, y el único lugar donde podía estar el abuelo ahora con su nieto Phill, era la húmeda cabaña, sin poder poner pie afuera, lo que a Phill le frustraba. Él se encontraba a un lado del fuego de la chimenea, sentado, asando una salchicha y aburriéndose como nunca.

Nuevamente había conseguido persuadirlo para que la acompañara a casa después del colegio. Él, como de costumbre, permanecía callado. Ella sólo lo observaba nerviosa, observando sus labios, sus ojos, todo su cuerpo... Sintiendo cómo su corazón estaba a punto de estallar fuera de su pecho.

Corre, corre! se decía, sintiendo que su voz venía de un lugar recóndito. –Corre, maldita sea!. Esa asquerosa sombra lo perseguía como si fuera el último pedazo de alimento en el planeta, y parecía no fatigarse por nada. Él seguía corriendo; sabía que su vida y el destino de su cadáver dependían de ello. A nadie le gustaría terminar en las tripas de un estúpido viejo psicópata vestido de payaso.

Tras un largo dia de trabajo en la oficina Ichitaka cogia el coche y se dirigia a su casa. Se dirige a coger el ascensor para subir a su casa. Entra en el ascensor y dice buenas noches al señor que iba detras suya, pero este no contesta, llevaba un sobrero con el que tapaba su cara.

Sentada en aquel cuarto llamado "Habitación de Interrogatorios", Antonia se sentía muy cansada, triste, sin consuelo. "No se preocupe señora, ya está a salvo, nadie le hará daño aquí. Ahora necesitamos que nos cuente exactamente que ocurrió en aquella casa" dijo el Jefe de Policía.

Aquel era el mejor día de su vida..... Al fin la tenia a su lado, con aquel vestido de novia que tan bien le sentaba, la sentía suya. Nada ni nadie se la arrebataría. Encendió la pequeña linterna y su escasa luz iluminó el rostro de su amada.

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