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Diógenes topó por primera vez con el grimorio cuando abrió el disco para guardar información. Él tenía por costumbre realizar un respaldo de su información al menos una vez al mes. Pero el disco que había abierto, a pesar de ser un disco nuevo, no servía, al parecer, ya tenía algo escrito. Pero no lo desechó, simplemente sacó otro disco para su respaldo y guardó el que ya estaba lleno para revisarlo en otra ocasión.

Para el fin de semana abrió el disco para revisarlo. Al principio, no entendió de que se trataba, pero después de un rato, cayó en la cuenta que era una especie de libro de magia, un grimorio.
Vamos a jugar un poco – se dijo a si mismo
Y comenzó a desarrollar un programa; un simulador para "llevar a cabo los rituales para llamar a los demonios". Trabajó mucho con el asunto, no fue cuestión de poco tiempo. Pero fue divertido. Así que creó cursores para simular los implementos de magia, consistentes en toda la parafernalia que mencionaba el libro: los cuchillos de mango blanco y mango negro, la daga, la bolina, y todos los demás implementos. Así como también creó un simulador para obtener los ingredientes, las plantas, extractos de animales y minerales requeridos para llevar a cabo todos los ritos necesarios. El trabajo fue arduo, pero le permitía simular la cosecha de las plantas o la recolección de extractos de animales en el orden de tiempo (Fechas y horas) que el libro indicaba.
Así fue que, cuando tuvo listo su simulador y los "ingredientes" que el programa había creado, se dispuso a llamar a los demonios.
Su simulador había creado una pantalla donde le era posible tomar todos los instrumentos e ingredientes, así como escribir las palabras de los encantamientos y con ellos llevó a cabo uno de los rituales. Finalmente, tal y como él lo había programado, la cara de un espantoso demonio llenó la pantalla.
¿Cuál es tu deseo, Mortal? – Le dijo el demonio
Y tal como él lo había planeado cuando hizo el programa, escribió:
Quiero que mi jefe muera y que me den su puesto.
¿Estas dispuesto a entregarme tu alma? – Le preguntó el demonio
A continuación, en la pantalla apareció un mensaje con dos opciones:
"Si, deseo entregarle mi alma a este demonio a cambio de lo que le he pedido". Y la otra: "No, deseo que mi alma sea salvada"
Sin dudarlo, pues era parte del juego, seleccionó la primera opción y presionó "Enter"
Así se hará – Dijo el demonio
Finalmente, Diógenes se fue a dormir.

Esa noche, tuvo un sueño extraño. Soñó que llegaba a su trabajo lanzando al guardia contra la pared. Saltaba los tramos de escaleras hasta llegar al piso superior donde se encontraba la oficina de su jefe. Al entrar, su jefe estaba sentado frente al escritorio y su rostro se llenó de terror al ver lo que había entrado por la puerta.
Diógenes pudo ver como sus garras (no tenía manos en el sueño, sino unas afiladas garras) sujetaban con violencia a su jefe, lo golpeaban y finalmente le destrozaban la garganta. Allí terminó el sueño.
Cuando llegó a su trabajo al día siguiente, Diógenes se dio cuenta que algo no marchaba bien. La puerta de la entrada del edificio estaba bloqueada por la policía. Se identificó, pero al parecer, a nadie se le permitió la entrada. Y se enteró de algo más: Su jefe había sido asesinado.
Pero su sorpresa fue mayor, cuando, una semana después del funeral, le dijeron que lo habían ascendido y todos concordaban con que Diógenes era el más apto para ocupar el puesto de su exjefe.
Comenzó a sentir realmente pánico cuando la persona que descubrió el cadáver de su jefe le contó como le había encontrado. Era uno de los hombres de intendencia, y le contó con escalofriante detalle, que había encontrado el cuerpo con la garganta destrozada y el cuerpo lleno de heridas.
Cuando empezó a bajar por el elevador ese día, la cabeza le daba vueltas. Eso no era posible. Era tan solo un juego. No podía estar pasando. Era solo un programa de computadora hecho por un aficionado. Además, el libro que había encontrado, para él no era más que una estupidez.
Tan abstraído en sus pensamientos como estaba, no notó que el elevador se estaba quedando vacío. Y que tal como estaba, cuando llegó al segundo piso no quedó nadie más.
En el primer piso el ascensor se detuvo, pero no entró nadie más, pero a la mitad del descenso se atascó.
¡Maldita sea! – Dijo Diógenes – Solo falta que me quede aquí toda la tarde.
Pero el fallo solo fue momentáneo y empezó a bajar de nuevo. Cuando llegó al la planta baja, el ascensor se detuvo, pero no se abrieron las puertas, así que Diógenes comenzó a apretar los botones repetidas veces sin ningún resultado.
Y de pronto, pudo escuchar una voz en su cabeza. Era una voz con una semejanza espantosa a la que él le había programado al demonio.
He cumplido – Dijo la voz – Ahora es tu turno de pagar.
Y el ascensor comenzó a bajar... abajo... más abajo... más abajo...

Fin

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