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Historias de Fantasía

Relatos fantásticos en mundo imaginarios, dragones, elfos y seres que pertenecen al mundo de la imaginación y el folclore.

Ahora estoy avanzando por este viejo y sucio pasillo, con la cabeza baja, con estas esposas apretadas es las muñecas y con estos 4 guardas a mi lado... todo esta en silencio... tan solo se escuchan los pasos acompasados, sin prisas pero sin pausa alguna.

Un joven atractivo se mira y remira ante un espejo. Siente placer al observarse más que al mirar el rostro de una mujer. Para él su rostro es lo más importante. Una mañana, recién salido de la ducha se dispone a peinarse. Se contempla como algo majestuoso. Alguna vez ha pensado que se suicidaría si le pasase algo a su bello rostro.

Un hombre (padre de familia) decidió construir una casa para poder vivir en ella durante todo el año junto con su familia, su mujer y sus ocho hijos, así hizo una enorme mansión preciosa que era la envidia de todo el pueblo.

Allí estaba, en su cuarto oscuro, tan familiar para él como una segunda piel, rodeado de los innumerables retratos que había ido haciendo a lo largo de su carrera. Ahí se encontraba la chica que conoció en aquel crucero, con su sonrisa de niña y la mirada pícara de una mujer apenas llegada a la madurez.

Las sombras de los árboles danzan moribundas mientras que el sol es devorado en el horizonte. En la feria, las siluetas se vuelven mas lóbregas a medida que la oscuridad invade el recinto avanzando silenciosa e implacable, deslizándose suavemente entre los charcos de endeble luz que tratan inútilmente de detener su paso.

Sus ojos negros me decían que mi tiempo había llegado. Desperté. Ya no lo podía retener más. Mire a mi lado y una mujer de cabellos rojizos yacía muerta. Sus ojos en blanco y en su cuello dos agujeros ensangrentados. Me levante y corrí.

En esta noche oscura, con la ausencia de la luna y una gran escasez de estrellas, me encuentro solo y perdido en este pueblo solitario y casi muerto. Mi casa, otrora un reducido espacio con una pequeña cocina, una cama empotrada, una mesita, una televisión y un escondido cuarto de aseo, mi casa, digo, esta noche me parece inmensa.

Tanto daño me causó aquel maldito reloj que todavía sigo lamentándome de mi desdicha como humano. Sigo terriblemente arrepentido de haberlo encontrado debajo de un árbol de los que los perros alivian sus esfínteres y dejan a sus dueños contentos con una amplia sonrisa de mejilla a mejilla.

Estaban sentados sobre la roca, juntos. Se besaron con ternura. Desde lo alto de la colina dominaban toda la extensión del valle; sus campos de cultivo, los estrechos senderos que conectaban casas aisladas, sus pequeños oasis flanqueados por palmeras y, al fondo, su querida ciudad, ancestral, bajo la protección de las montañas.

Diógenes topó por primera vez con el grimorio cuando abrió el disco para guardar información. Él tenía por costumbre realizar un respaldo de su información al menos una vez al mes. Pero el disco que había abierto, a pesar de ser un disco nuevo, no servía, al parecer, ya tenía algo escrito. Pero no lo desechó, simplemente sacó otro disco para su respaldo y guardó el que ya estaba lleno para revisarlo en otra ocasión.

Llueve. Hace mucho frío. El viento azota mi pelo enviándolo en todas direcciones, pegándome latigazos en la cara, latigazos que parecen enviados por el mismo Satanás.... me los merezco. Después de todo lo que he hecho, me los merezco. El agua me ha calado la ropa, y siento todo el cuerpo entumecido.

Todo lo trascendente en la vida tiene su origen en hechos triviales. Es difícil, a veces imposible, recordar el inicio, la causa primera de los fenómenos que nos marcan el alma para siempre, esos cuatro o cinco que señalaríamos al final de la existencia como los "de verdad importantes".

Un soplido de viento entraba por el pequeño resquicio de la ventana. Era una corriente de frío aliento que inundaba aquel cuarto de diminutas proporciones. Las hojas de aquel cuaderno viejo y raído ondeaban y resonaban con el pasar de aquella tenue brisa.

Todo comenzó hace un mes. Yo estaba de camino a un centro comercial, pensando en lo que me acababa de ocurrir con mi novia. Hacia una hora cuando la acompañé a su casa, y al despedirnos con un beso, fue diferente. Ese beso me dio una sensación de poder que nunca antes había sentido.

Muchos piensan que el infierno es algo terrible, pero muchos no saben que este esta dividido en varios inframundos que llevan la sangre y el dolor a un nivel mas allá del conocimiento humano. Adrián, nunca pensó en esto, y el era un chaval de los que todos conocemos, divertido, carismático y algo enojón, pero pocos sabían de sus celos enfermizos.

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