Home  //  Historias  //  Historias de Fantasmas  //  Maria

Se despidieron en el soportal donde él habitaba, mientras la aurora colgaba sobre la noche el primer rezo coránico emergente de la mezquita, abriendo el silencio de la ciudad durmiente, a la hora en que las estrellas mueren, llevándose su bóveda de sueños.

 

Él sintió que ya nunca más se reunirían, jamás se le había entregado como en aquellas horas, trepándole el corazón a la voz y entregándolo en cada golpe de beso, en cada explosión de sangre y sudor, como doliéndose del cuerpo y del amor.

Repetía una y otra vez: "No Tengo miedo", y abrigaba su temblor desnudo mirándole a los ojos, silente, errante, como una ola de océano atormentada.

Él se dejaba llevar; intuía, cuando se le colaba desde los labios, en el relámpago de su hálito, que ella le arañaba en los adentros, que hurgaba en lo más hondo, que le hurtaba un viento extraño, hasta cansarse los tuétanos. Pero la amaba, la amaba hasta dejarse morir por ella.

Después de tantos meses ausente, había tocado a su puerta, a las dos en punto de la madrugada, y regresado sin más, trémula y quimérica, diciéndole, sin añadir otras palabras: "No. Siento miedo", anudándose luego a su abrazo.

Se perdió por el horizonte al compás de la última lumbre de Luna, con el paso lento y sin mirar atrás, dejándole la sombra del adiós, y una canción de astros invisibles en el reloj. Él entonces subió las escaleras y entró en la casa. Las agujas del reloj antiguo de pared marcaban las seis, preparó café y encendió un cigarrillo, para que las volutas de alquitrán y nicotina revolvieran su soledad y desconsuelo. Entonces sonó el teléfono:

-"Diga". Era Álvaro, su compañero habitual de planta en el servicio de urgencias del hospital donde ambos trabajaban.

-"Hola Alfonso, ¿cómo estás? Ha ocurrido algo y... bueno, creo que aún no estás al corriente: quiero decir que..."

Se produjo una pausa. Él se sintió turbado, debía ser grave el asunto, de otra manera Álvaro nunca le hubiese telefoneado a esas horas y menos aún un día festivo. Entonces, él interpeló intrigado y temeroso:

-"Habla, por Dios Álvaro, dime qué ocurre".

-Se trata de María. La ingresaron, entró muy mal y pensé que debías saberlo, aunque ya sé que ahora estáis separados".

-¡María! No puede ser cierto. ¡Pero, si... !

Miró la habitación. Aún desprendía el aroma denso de sus cuerpos, el rastro de su unión. La cama seguía alborotada, con su voz cenicienta, su corazón, sus besos sus lágrimas.

-"Lo siento, se le fue el volante y no pudo, ya sabes, murió. Alrededor de las dos. Lo siento".

- "Las dos" -repitió él, resonándole en el pensamiento- Y colgó el aparato, pálido y atormentado, aterrorizado.

-"Entonces, pero si..." Cayó como un cero sobre el suelo, doblándose sobre su gélida tristeza. Y lloró, desde un lugar desconocido y arcano de sus ojos. Apareció el vacío, su peso, su grito, su dentellada. Dejó de ser hombre, para ser un animal herido.

Nuevamente sonó su teléfono. Él llegó a decir:

-"Dime Álvaro, dime que no puede ser cierto".

Al otro lado del auricular, una voz ahogada de mujer lo contestó:

"Te quiero. No, ya no siento miedo".
A veces, los fantasmas aparecen ante nosotros con una apariencia tan carnal, tan sólida, tan auténtica, que son imposibles de distinguir de los vivos...

Otras Webs Recomendadas

porno film porno film porno film turkce porno beylikduzu escort escort beylikduzu escort beylikduzu escort bayan porno izle porno film porno film turkce porno porno izle porno film klima servisi