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La noche del día 27 de junio de 1926. -Aaaannaaa... (Una misteriosa voz, casi un murmuro, despertó a Ana a media noche y le hizo salir de su habitación.)

-Aaaaannnaaa...

 

Ana había despertado al escuchar una extraña voz que murmuraba lamentosamente su nombre... Salió de su habitación, con una lámpara de gasolina en la mano. Caminaba por los oscuros pasillos del internado, siguiendo esa misteriosa voz. Llegó hasta la cocina del lugar, abrió la puerta trasera y salió...

En medio de la oscuridad de la noche, esa voz tétrica y fantasmal se seguía escuchando. El viento soplaba con furia y golpeaba los enormes árboles y pinos, que provocaban un chillido escalofriante que hacía pensar que hasta el mismo viento estuviese asustado.

Ana siguió caminando en esa oscuridad, el viento no cesaba, siguió hasta llegar al pie de la torre prohibida. Esa torre es un lugar prohibido para las jovencitas del internado, nunca se dijo por que, pero eso no es necesario, son el tipo de cosas que siempre se comentan como una "leyenda urbana" entre alumnos de algún colegio. En esta ocasión, se decía que hacía 3 años, una alumna se había quitado la vida al colgarse en lo alto de la torre, con la soga de la campana atada a su cuello.

La puerta que se suponía estaba sellada, se abrió lentamente ante Ana, y muy temerosa se dispuso a entrar.

-Aaaaaaannnaaaaa...
-¿Q q quién eres? (con voz entrecortada por el miedo, preguntaba Ana)
-Aaaaannaaaa....

Ana, aún con su lámpara de gasolina en la mano, subía las escaleras, guiada por esa escalofriante voz que le llamaba. Llegó a la parte más alta de la torre, donde se encontraba la enorme campana esperada a ser tocada. Ana dirigió su vista por la ventana de la torre, solo podía ver los bruscos movimientos de los árboles, parecía como si quisieran moverse de su lugar y huir. Tocó la soga de la campana con su mano y una ráfaga de viento hizo que su lámpara se apagara. El miedo se apoderó de ella, nuevamente se asomó por la ventana, retrocedió dos pasos, pero los vellos de su piel se erizaron cuando Ana sintió que con su espalda había tocado "algo" !, dio un paso al frente y se giró lentamente hacia atrás subiendo la mirada. Lo que miró Ana era el cuerpo de una joven colgando de la soga de la campana con los ojos abiertos y mirándole fijamente... -Aaaarrgg!-Gritó Ana horrorizada, trató de correr pero una parte del barandal de la escalera se rompió haciendo que Ana cayera 50 metros al vacío. Ana murió.

Días antes... Se encuentra Ana hablando con sus compañeras de habitación en un internado para señoritas ricas, en el cual estudian.

Martha: Ana, sigues escuchando esa voz?
Ana: Así es, hace dos semanas que no dejo de escucharla.
Cristina: Tal vez si fuese cierta la historia de Samanta, la chica que se mató en la
torre.
Martha: No digas estupideces, es solo una leyenda. Además Ana es hija de Federico
Gutiérrez, el dueño del colegio, por lo tanto él lo hubiera dicho, no crees?
Ana: Martha tiene razón, mi padre nunca me ocultaría algo así.
Cristina: Pues yo no sé, según mi hermana Samanta se suicidó el 27 de Junio de hace 3 años. Nosotras aún no llevamos un año en este lugar, pero mi hermana fue compañera de cuarto de Samanta, y ella asegura que es verdad. Además, a mi me asusta, hoy es 24 de Junio, no vaya a ser que en su aniversario decida salir de la tumba y jalarnos los pies jajaja.

Las jóvenes se olvidaron de esa conversación, pero Ana no, ella seguía escuchando esa lamentosa voz que la llamaba, nunca quiso investigar acerca de ella. Una mañana se acercó al jardinero del internado, el cual siempre estaba acompañado de Lobo, su inseparable amigo canino. Mientras Ana acariciaba a Lobo, ya que le encantan los perros, le preguntó a Francisco, el conserje...

-Francisco, tu conociste a Samanta López? La chica que se suicidó en la torre?
-Ana, ese es un tema muy delicado y tú lo sabes – le respondió Francisco- sin embargo, lo único que te puedo decir es que era una buena muchacha, muy tímida, la recuerdo muy bien, sabes?, Lobo nunca la quiso, siempre que ella estaba cerca le ladraba sin parar queriéndola atacar.

Todo marchaba "bien", hasta la noche del día 27 de junio, la noche en que Ana siguió la voz de Samanta hasta lo más alto de la torre, y murió...

La mañana del día 28 de Junio de 1926...

Encontraron a Ana inconsciente en la torre, fue llevada rápidamente a la enfermería del internado, al parecer había muerto, pero al pasar tres horas, Ana se levantó se la cama donde se encontraba tendida. Su mirada era extraña, no hablaba, solo veía. Su mirada se dirigió hacia Bernarda, la autoritaria directora, era una mirada de odio.

Bernarda: Ana, querida, llamé a tu padre y vendrá hoy por la noche, está muy preocupado por ti. Ana sonrió...

Martha y Cristina sacaron a pasear a Ana, pero ella aún seguía sin hablar, se acercaron Francisco, el conserje. Lobo, el perro de Francisco, comenzó a ladrarle ferozmente a Ana, si no estuviera encadenado, tal vez se le hubiera echado encima.

-Que raro, Lobo nunca se había comportado así con usted señorita Ana. –Dijo Francisco-
-Ese perro nunca me ha querido... -Comentó Ana-.

Llegó la noche, Federico llegó al internado a ver a su hija, el y la directora Bernarda la buscaban por todo el internado sin encontrarla. Salieron al jardín, nuevamente la atmósfera del lugar era escalofriante, el viento soplaba fuertemente y sacudía los enormes árboles que lloraban de miedo. Vieron a Ana entrar a la torre, fueron tras ella, también se metieron a ella. La vieron en lo más alto, subieron las escaleras y llegaron frente a Ana. Ana se giró y los miró fijamente, a su mente vieron una serie de rápidos recuerdos.

-Una joven siendo abusada sexualmente por Federico Gutiérrez, Una malvada directora diciéndole mujerzuela, y negando que una persona de intachable reputación como Federico Gutiérrez, hubiera hecho la atrocidad que la joven le decía que había sido victima. Era Samanta, una joven de la cual Federico Gutiérrez abusó sexualmente. Bernarda, la malvada directora, negó todo a cambio de una gran cantidad de dinero.

Y ahora, utilizando el cuerpo de Ana, la única que podía reunir a las dos personas que la orillaron al suicidio y a vivir si descanso aún después de morir, cumpliría su venganza. De entre la oscuridad una parvada de palomas se arrojó sobre Federico, haciéndolo caer por la ventana de la torre, estrellándose contra el suelo, su cabeza recibió tal impacto que los sesos salieron de su cráneo. Bernarda miraba con horror el rostro de Ana que a la vez parecía ser el rostro de Samanta, ante tal asombro, Bernarda solo pudo gritar. La campana de la torre sonó más fuerte que nunca, despertando a profesores y alumnas. Todos salieron y fueron testigos del horripilante baño de sangre, Federico se encontraba muerto, con su craneo destrozado, rápidamente subieron a la torre para ver quien tocaba la campana, quien había cometido tal atrocidad!. Todos entraron y miraron el cuerpo de Ana sobre el suelo, y en lo más alto, colgando de la soga de la campana, el cuerpo sin vida de la directora Bernarda.

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