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Javier conducía su trailer por la carretera de Colima; con un movimiento ágil y veloz observó la hora en su reloj de manecillas. Eran más de las dos de la mañana, tomó su vaso con café bien cargado y dio un sorbo sin despegar la vista del camino. Las luces de las intermitentes no eran suficientes para iluminar la espesa oscuridad que indavía el asfalto. Entonces, comenzó una a caer una ligera llovizna. El conductor tuvo que cerrar las ventanillas para que el agua no llegara al interior de la cabina.

Al volver la vista hacia adelante, su corazón latió aprisa al ver dos figuras masculinas paradas en la orilla de la carretera; uno de ellos le daba señas de autostop. Oscuro presentimiento cruzó por la mente del joven, no sabía si dejarlos subir o ignorarlos.
¿Y si llegan a saltarme?, se preguntó en voz baja mejor no les doy "raid".
Cuando se acercaba hacia ambos individuos, pudo fijarse en sus vestimentas, eran oscuras. Se trataban de dos posibles curas. El trailero se pasó al asiento del pasajero y bajó la ventanilla.
¿Puedo ayudarles en algo padres? se ofreció Javier al momento que le dirigía una sonrisa de amabilidad.
Claro que sí hijo, respondió uno de los dos, al parecer de mayor de edad necesitamos que nos lleven a Colima, a una parroquia llamada...
Sí sé donde está, respondió tronándose los dedos vamos, yo los llevo.
Abrió la puerta del pasajero y los sacerdotes abordaron al camión.
Y ¿Qué hacen dos padres en ésta carretera? preguntó intrigado a pesar de ser un camino solitario, puede representar un peligro.
Lo que pasó, fue que nos quedamos sin trasnporte contestó molesto el otro cura, él portaba unos lentes.
La respuesta parecía incoherente. Sin embargo, el camionero no le resto importancia al asunto.
Por cierto, soy el padre Felipe Martínez y él es mi hermano Mauricio, también es sacerdote. se presentó el cura que había hecho el autostop.
Mauricio sólo asintió con la cabeza.
Mucho gusto, yo soy Javier Alcatraz, a sus órdenes. dijo el conductor Así que ¿ambos son hermanos?
Claro, yo soy el mayor afirmó el padre Martínez mostrando sus canas.
Durante el trayecto, Javier y el cura Felipe conversaban mientras que el otro sacerdote guardaba silencio con un gesto duro y no prestaba la mínima atención a la charla.
¿Te molestaría si enciendo un cigarrillo? preguntó el padre Felipe.
El trailero se lo permitió.
Finalmente, llegaron a la dicha parroquia.
Bueno, muchas gracias hijo, que Dios te lo pague agradeció el padre Felipe mientras descendía del camión junto con su hermano.
El joven se depidió de ambos y se marchó del lugar. Pasaron los meses, Javier pasó por la misma carretera. Recordó a los dos representates de la iglesia y se dirigió hacia donde los había dejado.
Tocó la portezuela y lo recibió una monja. El preguntó por ambos. Desconcertada, la religiosa respondió que dichos padres habían fallecido al ser atropellados en una carretera, por un camión. El joven sintió terrible escalofrío y regresó hacia donde había recogido a los hermanos.
Detuvo el camión y con temor descendió de su transporte. No fue necesario caminar mucho, delante de él se hallaban dos cruces metálicas y oxidadas por el paso del tiempo. El camionero se arrodilló y leyó los nombres: PADRE FELIPE MARTINEZ 1959 1996 y PADRE MAURICIO MARTINEZ 1962 1996.

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