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Una fría mañana de invierno, una joven mujer observaba desde la ventana el gélido paisaje que se le presentaba delante. Desde ese punto de la casa sólo podía ver un parque que había enfrente, ahora lleno de nieve e impracticable.

La mujer llevaba horas mirando a través de esa pequeña ventana, esperando ver algún índice de movimiento en el exterior, pero el tiempo pasaba y todo continuaba igual.
En aquel pequeño pueblo situado en un diminuto valle rodeado de montañas, el invierno equivalía a aislamiento del mundo exterior. Los caminos quedaban cortados debido al tiempo y nadie podía cruzarlos, por lo que los habitantes de aquella aldea debían esperar casi todo el invierno recluidos y aislados.
La cuestión es que aquel invierno no era como los demás, y la mujer lo notaba desde hacía tiempo. Aparte de un frío inusual que lo congelaba todo, se dio cuenta de que no veía a otro ser humano desde hacía semanas. La última persona que vio fue su marido, que se fue del pueblo por asuntos de trabajo antes de que toda aquel extraño temporal ocurriera. Él le dijo, muy serio: "No salgas de casa por ninguna circunstancia, y espera mi vuelta" y tras esas misteriosas palabras marchó sin añadir nada más. A partir de entonces, todo fue de mal en peor: la temperatura fue descendiendo notablemente, el temporal de nieve arreció y la actividad humana en el exterior fue descendiendo: la gente se refugiaba en sus aún cálidos hogares del hostil tiempo invernal a la espera de que pasara. Lógicamente, nadie salía al exterior, ya que eso equivalía a una muerte segura por hipotermia o algo peor.
A pesar de esto, la mujer notaba algo extraño. Un presentimiento le decía que estaba sola, que no había nadie más en aquel solitario pueblo. Por la noche, no se veía la más mínima luz procedente de otras casas, y cuando la temperatura daba una leve tregua al pueblo, la gente tampoco salía de casa, ni siquiera los niños, esos seres tan despreocupados y vivos. Llegó un momento en el que creyó que el tiempo se había parado, que la noche y el día se habían unido en uno, que el temporal nunca acabaría...a pesar de ese presentimiento, sus necesidades fisiológicas continuaban presentes y la comida que tenía almacenada se acabaría un día u otro, y también se le acabaría la gasolina para la estufa que la mantenía protegida del intenso frío. Llegado ese momento, ya no sabría qué hacer: si se quedaba sin alimentos moriría de hambre, y si faltaba gasolina perecería congelada. No quería arriesgarse a salir al exterior, ya que el frío la llevaría hacia una muerte horrible y segura.
Decidió no preocuparse por todos aquellos temas y centrarse en esperar y mantener la cordura. Pero de nada servía: el temporal parecía no acabar nunca, la gente parecía haber muerto de frío en sus propios hogares, y la gasolina ya se había acabado hacía unos días, por lo que tuvo que hacer un fuego para mantener el calor. Pero a pesar de eso, el fuego apenas producía calor y el frío lo devoraba rápidamente.
Siguieron pasando los días: el temporal tenía la misma intensidad que siempre y sus reservas de comida ya escaseaban. Ahora debía tomar una decisión: esperar allí a que el hambre o el frío acabaran con ella o salir al exterior y salir de aquel círculo vicioso. Se decidió por la segunda opción: si tenía que morir, que fuese intentando sobrevivir. Se preparó todo lo mejor posible para salir al exterior: con toda la ropa de abrigo que pudo llevar encima, y con la poca comida que le quedaba. Abrió la puerta una ráfaga de aire frío le azotó en la cara, pero no se echó atrás, continuó su camino al exterior. Afuera todo estaba completamente cubierto de nieve sus piernas se hundieron en ella. Trató de avanzar por el tortuoso camino, pero el temporal no le dejaba, la vista se le nubló, ya no sentía las piernas...Creyó que aquello era imposible, así que decidió volver a su hogar, pero de repente ya no estaba, se hallaba rodeada de un infinito campo de nieve, y notaba cómo se iba hundiendo en la espesa capa de nieve mientras se congelaba lentamente pegó un grito implorando ayuda...y de repente despertó en su cama. Había tenido un mal sueño.

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