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Sudores fríos, acompañados de intensos espasmos, se van apoderando de mi cuerpo de forma intermitente pero, por más que lo intento, no puedo hacer nada para zafarme de la presión que ejercen a mí alrededor las paredes metálicas, frías y a la vez viscosas de este habitáculo.

 

Sé con certeza dónde me encuentro y, en cuclillas, noto mis rodillas presionándome fuertemente la barbilla. Hace rato que esta posición ha empezado a mermar mi espalda. Me resigno y dejo de luchar por un momento.

Noto cómo la humedad se ha calado en mi ropa. La cavidad está oscura. Sólo puedo escuchar mi respiración entrecortada y un goteo incesante que procede del exterior y martillea mi cabeza. Me es imposible detener un súbito vómito que prolifera de mis entrañas fruto de la reacción que ha creado mi mente ante este pánico.

El fuerte olor a moho que invade mis fosas nasales se mezcla con el aroma de putrefacción de algún otro ser vivo que, con seguridad, anteayer fue el residente de este habitáculo. Todavía huelo su sangre.

* * *

Sé que Charlie está detrás de todo esto. Él es el responsable de la situación en la que me encuentro. Su mente está enferma, como la mía.

Hacía tiempo que barajaba la posibilidad de que me la pudiese jugar algún día, pero nunca imaginé que fuera capaz de hacerlo de este modo...

Me mareo. Intento respirar hondo, pero me resulta imposible... Busco evadirme y empiezo a recordar lo gratificante que nos resultaba a los dos al principio llevar a cabo nuestra idea. Encontrar una raza concreta nos era indiferente. La cuestión era tener material para improvisar, metiendo al animal en la máquina, casi a presión, para luego oír, camuflado por el ruido del motor, el sonido que producían sus huesos al ir resquebrajándose poco a poco, junto con los aullidos iniciales que intentaban reclamar inútilmente nuestra piedad. Pero no era viable la piedad... el "subidón" de adrenalina podía más que la misericordia.

Ahora mismo, en este instante, necesito rememorar esas sensaciones. Suplen por un momento el doloroso sobrecogimiento en el que se haya sumido mi cuerpo.

* * *

Dejo de pensar, he oído algo... Unos pasos. Alguien se acerca. Es Charlie, lo sé.

De repente, el sonido del motor me hace presagiar lo que ya venía esperando desde hace rato y las paredes empiezan a ejercer cada vez mayor presión sobre mi cuerpo...

Lo único que camufla ahora el ruido del motor son las carcajadas de Charlie, junto con el sonido de mis huesos... Desde aquí dentro, el sonido resulta diferente...

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