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Recuerdo que cuando era pequeña, todos los veranos iba a pasar unos días a un pueblecito de Avila, donde vivía una amiga a la que conocí un año en un campamento de verano.

El verano se presentaba muy caluroso y yo, preparaba mi maleta con ilusión, al saber que al día siguiente vería a mi mejor amiga.
Esa tarde mi madre recibió una llamada, y al colgar, su cara de pena me lo dijo todo.
La abuela de Esther (mi amiga), había fallecido y ese año no podríamos vernos.
Con el paso del tiempo, cada vez que llegaba el verano, se nos hacía más difícil poder vernos ya que Esther se había ido a vivir a Granada y yo tenía que ir a pasar el verano con mi padre.
Hace dos años, conseguimos planear unas minivacaciones las dos juntas, solas, sin padres....
Aquello prometía y yo estaba ilusionadísima ya que vería a mi amiga después de casi 10 años.
Queríamos recordar los viejos tiempos, asi que decidimos ir a pasar unos días a la casita de Avila.
Habíamos quedado allí, y asi nos encontramos. Ella estaba en la puerta de la casa y yo, entraba en el jardín con mi coche.
Pasamos todo el día hablando y contándonos nuestras cosas hasta la hora de irnos a dormir.
La casa estaba bastante sucia, y Esther arregló dos habitaciones una para cada una. Ella se fue a dormir y yo entré en la habitación de al lado.
En mitad de la noche escuché un pequeño grito, no demasiado fuerte, no le di importancia, pero al cabo de un rato, escuché otro grito mucho más fuerte y salté de la cama.
Fui corriendo a la habitación de Esther y la encontré sentada en la cama temblando y mirando a la ventana con cara de terror.
Me acerqué a ella y le pregunté que era lo que le pasaba. Ella empezó a llorar y me dijo que había sentido como alguien la arropaba. Intenté tranquilizarla y me metí con ella en la cama.
Cuando estábamos quedándonos dormidas, sentí calor, me levanté a abrir un poco la ventana y retiré las mantas de encima de la cama.
Al rato, vuelví a escuchar un sollozo y al abrir los ojos vi a Esther llorando. Al incorporarme vi que la ventana estaba cerrada y que las mantas volvían a estar sobre la cama.
Me levanté corriendo y encendí la luz con la intención de quitarme el miedo que sentía en esos momentos. Me acerqué a la cama y me senté a tranquilizar a Esther.
Ella no dejaba de llorar asi que empecé a hablar de cosas que nos habían pasado para intentar hacerla reir y olvidar lo ocurrido.
Al cabo de las dos horas, decidimos intentar dormir de nuevo, apagué la luz, guardé las mantas en un armario con llave y abrí la ventana de par en par sujetándola con una silla.
No podía pegar ojo después de lo ocurrido, me metí en la cama y cerré los ojos intentando pensar en otras cosas. De pronto, oí un portazo y empecé a sentir mucho frío, Esther empezó a gritar y a decirme que encendiera la luz, que había alguien más en la habitación. Me levanté de la cama temblando y estiré el brazo lo más que pude para encender la luz, y cual fue mi sorpresa al ver que la ventana estaba cerrada de nuevo y la puerta del armario abierta. Miré sobre la cama, y allí estaban las mantas.
Cogimos la ropa y las maletas y salimos corriendo de esa casa, hasta llegar al hostal más cercano que había en el pueblo.
Una vez allí, le pregunté a Esther si sabía por que estaban ocurriendo esas cosas y ella me dijo que no tenía ni idea, que llevaba casi 9 años sin pisar esa casa y que no había vuelto desde que murió su abuela.
Al día siguiente, Esther llamó a su madre para contarle lo ocurrido y para preguntarle si sabía por qué podían estar pasando esas cosas. La madre, al oir la historia, le contó que su abuela había muerto en esa habitación de una pulmonía. Esther preguntó si alguna vez más había ocurrido algo parecido y la madre le contó, que cuando Esther era pequeña, el verano siguiente de haber muerto su abuela, cada noche al acostarse, la madre dejaba la ventana de la habitación de Esther entreabierta y que al despertarse, siempre se la encontraba cerrada, y sobre la cama había dos mantas cubriéndola.
Esa fue la última vez que pisé aquella casa, y por lo que sé, también fue la última vez que Esther volvió a pisarla.
Con el tiempo supe, que Esther era la nieta preferida de su abuela y que siempre la protegía de todo, asi que entendí que la abuela solo quería evitar que su nieta enfermara como ella.
Nunca más volvió a sucederle nada parecido, y ahora lo recordamos con cariño.
Es cierto que todo esto de los fantasmas asusta mucho y mas si lo vives en tus propias carnes, pero no nos paramos a pensar, que a veces, alguien que nos quiso mucho, esta ahí para ayudarnos en lo que pueda.

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