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No grites, no intentes huir, estarás atrapado en el Sepulcro...Relato narrado por José Alfredo. Abril de 1988. Aún recuerdo el día en el que tuve un altercado con mi esposa. El motivo era por una situación económica.

Para no prolongar la discusión, mi cónyuge decidió pasar las vacaciones de primavera con su madre. La última vez que la vi fue salir por la estrecha puerta cargando con su maleta y dirigirse hacia al taxi.
Mi cabeza descansó un poco. Aburrido, tomé una libreta, en una de las hojas blancas dibujé un sepulcro, incluso escribí el epitafio. Fúnebre pensamiento atravesaba por mi mente mientras dibujaba, sentía deseos de morir.
Me acerqué al estante, tomé un libro al azar, se trataba de un libro del autor Edgard Allan Poe. Leí una narración que hablaba sobre los enterrados vivos. Imaginé como sería ser enterrado vivo. Eso fue lo último que recordé, un sopor me fue invadiendo lentamente hasta caer en un letargo.
Sólo veía oscuridad perpetúa.


Al abrir los ojos me percaté que no me encontraba en casa ¡estaba en un cementerio!, me incorporé , sacudí la tierra de mi ropa. Comencé a recorrer el lugar, no conocía ese lúgubre cementerio. El cielo estaba encapotado de enormes nubes; en un viejo árbol se hallaba sobre sus ramas un enorme cuervo quien comenzó a graznar haciendo ese lugar más tétrico.
No sabía si era de día o de tarde. Al seguir caminando, me quedé atónito. Mi boca que do abierta al contemplar un sepulcro...¡era la misma lápida que había dibujado en el cuaderno!, no puede ser cierto, ¿acaso estaba yo muerto?, me acerqué a leer el epitafio; en el registro de mi nacimiento y muerte no concordaban con el mio. Decía: 18231860. MALDECIDO EN LA HOGUERA POR PRACTICAR LA MAGIA NEGRA.


Me levanté sorprendido; tenía que salir de esa locura de una vez por todas. De repente, escuché unos pasos a mis espaldas; la figura de dos mojes caminaban en el cementerio. Al verme se quedaron estupefactos, por unos instantes quedaron inmóviles para después gritar como lunáticos.
¡El anticristo ha vuelto, el anticristo ha vuelto! gritaban al unísono.
Ambos monjes tomaron dos antorchas encendidas ¡y corrían hacía mi!...No dude más y corrí, a mis espaldas escuchaba sus reproches, como que me iba condenar en el infierno. Sin fijarme, tropecé al parecer con una de las raíces de ese árbol donde se hallaba el cuervo. Pude ver una enorme piedra en el suelo, con la cual caí sobre ella, la filosa punta de esa piedra perforó mi vientre. En seguida, comencé a perder el sentido en cuestión de segundos. Esa eterna oscuridad regresó a mis ojos.
Abrí los ojos nuevamente, seguía viendo esa oscuridad. ¿Qué esta pasando?, ¡no puedo moverme, si quiera para extenderme unos cuantos centímetros!, mi cuerpo chocaba con algo que hacía un sonido hueco. No puedo creerlo...¡ESTABA ENTERRADO VIVO!


Comencé a jadear al no recibir oxígeno. Intempestivamente una luz me dejó ciego y absorto por un momento. Tarde unos segundos para darme cuenta de la situación; esos hombres eran dos profanadores de tumba ¡y sin darse cuenta , me habían liberado de mi sepulcro!, en cuanto me incorporé, ambos sujetos corrieron despavoridos.
Débil, me encaminé hacia mi casa.
Al verme mi mujer, corrió con lágrimas en los ojos hacía mi. Quería que me explicaran que fue lo que ocurrió.
Al llegar a casa, te encontré sobre la cama, dijo mi esposa aun con la emoción y miedo en sus palabras no tenías pulso, ¡estabas muerto!
Ella me contó que me habían enterrado hace una semana, me miré en el espejo, estaba pálido y muy delgado. Mi esposa y yo nos fundimos en un abrazo.
Esa es mi historia, ese día que me había dejado marcado de por vida. Nunca olvidare que estuve en mi sepulcro, y quién sabe cuando volvere hacía el.

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