Home  //  Historias  //  Historias Reales  //  El beso del muerto

...Este relato, asiduo lector, guarda una verdad que ha roto varios corazones, y robado romances. Depende de ti encontrarla... Estaba cerrando la puerta de la cripta, cuando recordó que había olvidado la pala y sus guantes adentro. Suspirando con exasperación, movió el pestillo y jaló la manija, dejando que la luz de la media tarde bañara los ataúdes.

 

Divisó los malgastados guantes en el suelo de paja, debajo de una pequeña inscripción en uno de los féretros, la cual rezaba: "Francisca V. del Valle. Su cuerpo descansa, su alma camina junto a la paz del Señor." A un costado estaba incrustada una brillante crucecilla.
Daniel se volvió, antes de irse, para dedicar una última mirada:
El ataúd de la señora Valle, izquierda, bien...
Señorita Catalina I. del Valle, abajo a la derecha, sí...
El joven José allí estaba, y, apoyada sobre el colchón de hierbas, Francisca.
<>
Piel blanca y labios rojos, hirientes. Daniel no podía evitar pasarse una mano por la boca.
Inconsciente, se sentó sobre la paja, apoyando la cabeza en la vieja madera de una de las paredes del cuarto.
Se había ofrecido por un par de monedas a encargarse de ese santuario en particular, y a ser quien, personalmente, lo cerrase por última vez, al fallecer su miembro final.
La noche anterior había caído Francisca.
Una vez a la semana, ella se acercaba al cementerio para "visitar" a los que alguna vez habían sido su familia, pero nunca, ni Daniel ni ella, hubieran imaginado que se encontraba pronta una visita más larga de lo normal. Mucho más larga.
Los dos habían hilado una relación que no se podía definir bien si de compañerismo o reciprocidad, ya que era Daniel quien siempre se acercaba para conversar.
Empero, esas conversaciones duraban horas... Horas que hacían olvidar a Francisca (con un brazo apoyado sobre una lápida, sonriendo jubilosamente) a qué había ido a ese lugar. Un cementerio no era un espacio muy común para citarse; de todas formas, ellos lo hacían.
Pero había sido esa polvorosa tarde de Agosto, cuando ese "hilo" finalmente se rompió.
Fue cuando Daniel la miró de esa forma, cuando sus dedos acariciaron sus hombros con esa suavidad, cuando él, triunfante, se acercaba a su rostro y cerraba los ojos...
<>
<<¿Daniel? ¡Daniel, qué haces! ¡Aléjate de mí!>>
<<¡Daniel!>>
Y ahora, encerrada en un cajón de roble, con el sudario blanco en lugar del vestido rosa gracioso, con los párpados muertos y los rizos desteñidos, ella seguía susurrando.
<<¡Daniel, Daniel aléjate! No voy a besarte... No voy a...>>
Todo lo que habían construido se desmoronaba, se rompía, sólo porque...
<>
Quizá Daniel había sido un idiota.
Quizá no había tenido suerte, porque él... él no había podido... aunque lo había tratado con toda su alma...
<>
...no había podido besarla.
Daniel flaqueaba en un pie mientras la puerta de la muerte se cerraba rotunda y chirriante; entonces él miraba hacia abajo, y una lágrima marcaba el maldito final.
...No había podido besarla.

Su cuerpo se estremeció al escuchar las campanas de la iglesia cercana, y se dio cuenta de que aún se encontraba en la cripta, con la mirada perdida hacia los ataúdes.
Se levantó, y se dirigió hacia la salida. La desesperación lo asaltó levemente al comprobar la prematura existencia de la oscuridad: la ventana al fondo de la habitación revelaba una fluctuante y borrosa luna. Pero cuando intentó girar la manija para abrir la puerta, notó que ésta no cedía. Apoyado sobre el umbral, empujó la astillosa madera con un hombro, pero le era imposible aplicar más fuerza, y la puerta continuaba intacta.
Comenzó a gritar, al tiempo que daba sordos puñetazos alrededor del marco. Sus gritos se convirtieron en susurros, y éstos, en un gemido pausado y doloroso.
Las sombras nocturnas ya habían empezado a envolver el cuarto, y su miedo aumentó aún más.
Se sentó sobre la hierba, y con actitud infantil se abrazó las rodillas. Ahora la oscuridad casi lo cegaba, y pensó que quizá debía pasar la noche allí...
La idea no era del todo agradable (sólo muerto dormiré entre los muertos, se dijo con acritud), así que planteó que si realmente quería salir de ese lugar, era mejor pensar con claridad.
Resolvió que, quizá, el sereno había llaveado la puerta de la cripta, convencido de que Daniel no se encontraba dentro. Y, como él estaba tan absorto reviviendo su ingrato pasado, mirando hacia los ataúdes, no había sentido el característico ruido metálico.
¡Eso era! ¡Los ataúdes! Tal vez, si los apilaba correctamente, uno arriba de otro, podría obtener cierta altura y así llegar hasta la ventana al final de la cámara. Una vez allí, saltaría, y no habría nada más que hacer. Parecía algo... atroz, aterrador, pero fue en lo único que pudo pensar. El miedo había colonizado cada fibra de su ser.
Esto fue lo que hizo: movió el ataúd de José Valle, de manera que quedara sobre el de Francisca, y, el ataúd de la señora Valle y Catalina, encabezando la "escalera".
Se colocó los guantes con dificultad (las manos le temblaban), para no resbalarse cuando se sostuviera de ellos, y subió, cuidadosamente, escalón por escalón, sosteniéndose del borde de los cajones.
<>
<>
Con un suspiro de alivio, alcanzó con la palma el alféizar de la ventana. Alzó la otra mano, y pudo asomarse hacia fuera. Era un tanto extraño estar parado sobre un cajón antropomorfo, en el que, siniestramente, la luna tocaba con su estela de luz unas letritas plateadas, Ana M. del Valle.
Reforzó sus brazos en un amague de impulsarse hacia arriba, pero algo le hizo permanecer en esa posición.
Había creído sentir un ligero movimiento.
No le dio importancia, e intentó llegar arriba una vez más. Levantó los ojos hacia la Luna, que lo miraba soberbia, en medio de un paisaje azul marino salpicado de blanco. Tal belleza le recordaba a Francisca, y la última vez que la había visto. Todo era puro, pulcro, blanco... Todo se volvía oscuro, sucio, tétrico... Luego más, y más, volviéndose de un añil impío que no aceptaba vueltas atrás... "No voy a besarte"...
Ella se había negado ante Daniel. Se negaba a hacerlo feliz. Se acomodaba antes de partirle el alma.
Decidió que era mejor levantar un pie primero, para subir con mayor facilidad.
Ahora la oscuridad era total, y Daniel se disponía a alzar una pierna cuando...
<>
Sin darse cuenta, al levantar la pierna derecha, había proporcionado cierto peso al pie opuesto, lo que le había impedido resistirse a resbalar sobre la tapa del ataúd, dejándolo desnivelado.
Segundos después, éste cayó.
Entonces Daniel perdió el equilibrio, y sus manos abrazaron el aire. El ataúd de la señora Valle partió el de Catalina, dejándolo entreabierto, y éste se desacomodó al tiempo que se destruía sobre el de José. El féretro entonces, a causa del impacto, se bamboleó hacia un lado y despedazó el de Francisca, despojándolo de su tapa.
Todo ocurrió con sonidos espantosos.
Daniel cayó, dándose fuertemente contra la madera del ataúd de Francisca Valle.
Antes de intentar levantarse, sintió en una región del rostro una superficie suave y fría. Temblando, trató de mover la cabeza, y sus labios alcanzaron un área húmeda, sinuosa, que se abría de par en par, descubriendo una pieza mojada, dulce...

Silver

Otras Webs Recomendadas

porno film porno film porno film turkce porno beylikduzu escort escort beylikduzu escort beylikduzu escort bayan porno izle porno film porno film turkce porno porno izle porno film klima servisi