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Betty fue una prima mia. Hermosa, alegre, soltera, de tan solo 21 años, ojos verdes y un cabello rizado con unas exquisitos reflejos dorados. Todos le adorabamos y nos encantaba visitarla, ella era tan libre y bondadosa.

 

Un día que fuimos a darle compañía, abrió la puerta y nos saludó con su alegre mirada: Pasen, pasen bienvenidas. Nos sentamos en los muebles aseados y olorosos a flores maravillosas: ya les traigo un juguito esperense agradecimos y esperamos a que llegara con el jugo tan rico que preparaba con esas manos energicas.

Había regresado con los jugos, pero extraña, puso el jugo en la mesa y nos dijó: hola como estan? acaban de llegar verdad, no escuche la puerta pero menos mal que entraron, debo ser mas cuidadosa, ya les traigo un jugo. Quedamos sorprendidas porque ella nos abrió la puerta, y no se acordó de eso, ¿tal vez se le olvido? eso creímos. Nos trajo las segunda ronda de jugos, y mi mamá le preguntó con curiosidad: Betty, porque dices que no escuchaste la puerta, si tu nos abriste ¿que pasa se te olvidó? a lo que ella respondió: no yo no les abrí ustedes entraron por su cuenta yo me quede sorprendida ¿quién nos pudo abrir? ¿Su gemela? logicamente era ella pero algo le pasaba.

Llegó la noche y nos despedimos, pero no la pasamos como de costumbre con cosas locas como las que ella hacía, solo nos trataba como extrañas.

En otro amanecer, otro día, estabamos aburridas mi mamá y yo entonces decidimos pasear algún rato por la calle. Vimos a Betty a lo lejos extraña muy rara, estaba cojeando, no podía caminar bien y estaba descalza. Pero la alcanzamos y pudimos observarla, su rostro estaba pálido y veía con un ojo ya que estaba virola: Betty que pasa contigo vale cada vez te veo peor ¿tienes alguna enfermedad? dijó mamá. Buenas señorita ¿quién es usted la conozco? nos respondió muy naturalmente, ya no nos recordaba ya no sabía nada Betty ¿bromeas? mamá insistió Señora no la conozco debo irme dejeme tranquila. Y comenzó a correr lo más que podía pues cojeaba sin razón alguna, ya que tenía sus piernas en buen estado.

Mamá y yo no la fuimos a visitar como en un mes, y el día que se nos ocurrió pasar por aquella casa en que ya no eramos bienvenidas, Betty nos abrió la puerta con mucha cordialidad: Hola como estan? estas muy grande Danielita, hace meses que no vienen que ha pasado?, en fin no importa pasen, bienvenidas. La alegría volvió en mí ya nos había recordado, aunque sus deficiencias físicas continuaban estropeando su cuerpo: Virola y coja. Nos trajó un jugo como de costumbre empezamos a tomarlo, pero ella empezó a tener unas convulsiones, como ataques de pilexia, y era díficil de controlar ya que temblaba demasiado fuerte. Al terminar las convulsiones, mi mamá y yo decidimos llevarla al hospital, ya que ella no estaba en condiciones de salud. Le hicimos un exámen y el resultado nos apretó el córazon como una puñalada: Betty tenía un tumor cerebral.

Lloramos mucho y Betty no nos comprendía solo nos trataba de calmarnos como si de ella no se tratara. Su tumor no tenía cura ya que se encontraba una parte muy delicada del cerebro.

La enfermedad progresaba cada vez más, Betty no recordaba a nadie ni a su madre, ni a mi ni a nadie en absoluto. Sus ojos miraban su nariz fijamente, y el tanto cojear le dobló la cadera; por lo que ahora si cojeaba, tenía convulsiones, y vomitaba sin que ella lo supiera; por lo menos estaba comiendo y vomitaba, ya su cuerpo no le avisaba, sus uñas estaba partidas ya que la chocaba contra la pared, y algunas veces reconocía a mi mamá pero solo por instantes. No iba al baño y hablaba con uno pero no sabia quien eras, en realidad fue una experiencia dolorosa ya que ese ser tan maravilloso tenía la muerte firmada.

Un día, el ultimo de Betty, comenzaron la convulsiones pero esta vez duraron muchisimo demasiado, y cuando terminaron Betty estaba desintegrada por completo, no puedo ni explicarlo recordarlo me duele mucho. La pusimos en el patio donde fue su lugar favorito, y ella nos miraba a todos, (claro no sabía quienes eramos) sin dolor solo eran miradas vacías, llenas de un alma sin vida. Sujeto la mano de su madre y la mía muy suave como todo lo de ella, y cerró los ojos, toque el pulso en su mano y sentí el ultimo latido, y dije con lagrimas en la cara y la garganta atorada y adolorida: ¡¡Ya!!. Fue algo espontaneo no pude evitarlo, cuando lo dije todos lamentaron su muerte. Pero en mi mano pude sentir que la mano de Betty volvio a apretar la mía muy fuerte y su dedo hizo una caricia en mi muñeca, me llene de esperanza y deje de llorar, pero Betty paralizó su dedo y dejó su mano caer en la tierra humeda del patio.

Ese fue su ultimo movimiento y mis manos siempre lo recordaran.

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