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Mi nombre es Ernesto, soy un cura, de una vieja iglesia, donde vivimos varios frailes, monjas y yo, que soy el Cura Mayor. Hace tiempo, un hombre me trajo un perro lazarillo. La historia es así:

 

Era por la mañana, salí a regar nuestras plantas y darle de comer a las gallinas, pues en la iglesia tenemos un corral. Un ombre de altura media, cabello medio larguillo y marrón se acercó, iba en un burro y con varias bolsas, pero lo que mas me extrañó fue que llevaba una jaula, lo primero que pensé era que quería venderme mas gallinas, pero en vez de esto, llevaba un perro.

¿Pero no le da vergüenza llevar un pobre perro en una jaula en vez de
llevarlo amarrado? le dije al mercader.
Mire, yo solo quiero ofrecerselo, es un perro muy raro, y ha tenido
varios dueños, así que para terminar se lo traje a usted.
Y, ¿para qué quiero yo un perro? Ya tengo gallinas y plantas de las que
ocuparme.
Sí, pero yo se lo ruego, Padre.

Está bien, pero si el perro me da problemas, le escribiré una carta.

Vale.

El hombre sacó un papelillo y anotó la dirección a la que debía mandarla.
Dicho esto, el hombre se alejó dejando allí al animal.
A la mañana siguiente, fui a echarle de comer al perro, pero al acercarme a él, el crucifijo que llevaba colgado de mi cuellotambién se le acercó, y el perro se puso a ladrarle. Pensé que era un poco raro, pero no le dí importancia. Los siguientes tres días pasó lo mismo, y al cuarto acerqué mas el crucifijo al perro y este salió corriendo y ladrando. Escribí una carta al mercader en la que decía:

Querido Mercader:
El perro es un poco extraño, cada vez que le acerco mi crucifijo sale corriendo y ladrando. Le agradecería que viniera cuanto antes posible.

Así lo hizo, el mercader aparecío al día siguiente.
Me explicó todo:

La verdad es que el perro es un poco raro, porque tenía un dueño, invidente, al cruzar la carretera, el perro se despistó y el hombre fue arrollado por un coche, e incluso el perro se comió partes del cuerpo del dueño. La segunda dueña, invidente tambien, se calló por las escaleras, y la última, estaba esperando al metro, el perro hizo un mal movimiento y la chica calló en la via y fue descuartizada.

Al día siguiente, estuve convencido de que debía matar a ese perro, así que le eché veneno en la comida.
Se la sí, y el perro oliendola dijo:

¡Ja ja ja! Me has pillado eh...

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