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Historias Reales

Llegó la hora del terror, historias reales que te harán ver la realidad de otro modo. Los autores de estas historias aseguran que son auténticas vivencias terroríficas que han tenido que superar. Quizás pienses que no son verdaderas, o simplemente que son malas interpretaciones, pero la verdad es que ellos también pensaban como tú hasta que les tocó vivirlas en persona. La realidad siempre supera la ficción.

Hola soy de Lima-Perú, he tenido la oportunidad de leer todas las experiencias que aquí se cuentan y aunque no se realmente si todas son ciertas, la experiencia que me toco vivir y que voy a contarles es completamente REAL y la tuve hace unos años atrás.

Hola mi nombre es Romy, tengo 22 años y me gustaría contar mi experiencia. Todo ocurrió hace unos seis años cuando aún estaba en la escuela de secundaria, era un centro privado de monjas, allí estudiaba en cuarto curso una muchacha llamada Maria.

Maria era inteligente pero muy traviesa, descarada y burlona y que a pesar de estar en una escuela religiosa que mostraba gran respeto a Dios, ésta se burlaba de todo esto y no respetaba a ninguna de las monjas.

Cuando yo tenia apenas 10 años mi mamá, mi papá y mis 2 hermanos más chicos nos mudamos de casa, cuando acomodamos todo el mobiliario mi mamá recibió
una llamada, le comunicaron que mi abuelo había muerto.

Esta historia la vivió en realidad mi abuelo y él me la contó a mi. Todo comenzó un atardecer en un pueblo de Durango. Mi abuelo iba montado tranquilamente en su caballo de camino a casa y de pronto con el rabillo del ojo le pareció ver algo detrás de él, algo como un bulto, pero lo ignoró y siguió su camino.

Esta historia es verídica, me da miedo hasta acordarme de ella. Hace ahora unos dos años, trabajaba en una tienda ubicada en el garaje de una casa muy antigua, ésta se encontraba en la ciudad de La Plata en Buenos Aires.

Ahora mismo tengo 15 años pero lo que voy a contar, me lleva sucediendo desde que nací. Tengo un don, que me protege de cualquier cosa que haga peligrar mi vida, pero también tengo una maldición.

El ansiado mes de agosto llegó. Mis padres que se habían ido de viaje a la isla de Fuerteventura me prestaron la casa que teníamos situada a las afueras de la ciudad para que no me sintiera tan sola y pudiera invitar a mis amigos.

Hola me llamo Wanda y desde hace unos meses vivo de forma estable con mi pareja en casa de su tía, su mamá, la pareja de su mamá y su pequeño de seis años. Sucede que mi suegra tenía un buen trabajo y lo perdió, esa misma noche mi bomboncito y yo habíamos visto algo horrible, parecía un duende, aunque yo pienso que podía ser un demonio.

Esta historia es bastante reciente pero una historia no necesita siglos para dar miedo, esto le sucedió a Marco, un chico de la preparatoria como cualquier otro. Habían llegado las vacaciones y decidieron irse a disfrutarlas en un lugar retirado.

Hola, mi nombre es Dalila, tengo veinte años y un bebé de once meses. Mis extrañas experiencias empezaron cuando estaba embarazada de cuatro meses y vivía sola en un departamento. Estaba medio dormida y me levanté para tomar un poco de agua, y cuando volví a recostarme algo ocurrió.

Por fin, después de muchos años, mis padres decidieron mudarse de la casa donde vivíamos. Era muy pequeña para nosotros seis. Ahora mi padre nos contaba que íbamos a vivir en una gran casa, una a las afueras del pueblo, nos mostró fotos y mis hermanos y yo, estábamos ansiosos por vivir en la nueva casa.

Cuando tenía dieciocho años empecé a tener problemas nerviosos sin saber que los causaba y fuente de todos mis problemas a partir de ese momento. Tenía crisis nerviosas y actuaba de manera muy extraña, no era yo misma, al final, angustiada, y después de consultar varios psiquiatras mi mamá decidió consultar con el mejor del país.

Por razones que no vienen al caso, tuve que viajar a República Dominicana en la primavera del 2001 por motivos laborales. La multinacional para la cual trabajo me buscó un piso en la calle Orquídea, en el barrio llamado Buenos Aires de Herrera. Un barrio muy humilde y pobre, donde cada día se cortaba la luz durante varias horas, donde la gente hace una comida diaria, donde se roba la luz, el teléfono e incluso internet.

Yo vivo en una residencia de estudiantes y las habitaciones no es que tengan muchos muebles: dos camas, dos armarios y una mesa con dos sillas. Como podréis comprobar no vivo solo; comparto mi habitación con mi amigo Sergio.

Hola, la historia que les voy a contar no es personal, pero es de un amigo, al cual llamaremos chuy, por anonimato, espero su comprensión. Bueno, donde vivimos es un pueblo pequeño y tranquilo y el vive cerca del cementerio.

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