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Historias Reales

Llegó la hora del terror, historias reales que te harán ver la realidad de otro modo. Los autores de estas historias aseguran que son auténticas vivencias terroríficas que han tenido que superar. Quizás pienses que no son verdaderas, o simplemente que son malas interpretaciones, pero la verdad es que ellos también pensaban como tú hasta que les tocó vivirlas en persona. La realidad siempre supera la ficción.

Si, sucedió todo entonces... en la Navidad del año 1995. En aquellos días mi abuela paterna se encontraba próxima a la muerte, de manera que en el hospital decidieron darle el alta y enviarla a casa, a su casa, a morir. Yo nunca había sentido tan próxima la muerte, nunca la había visto tan de cerca... a tal punto, que no supe reconocerla pese a tenerla delante.

Era de noche, me encontraba dormido cuando desperté por un extraño ruido proveniente de afuera, mire por la ventana pensando que había sido mi perro, pero el se encontraba durmiendo.

Hace 3 meses al lado de mi casa vivía una familia en la que habian 2 niñas, una pequeña y una grande y los padres y el perro. Cuando se mudaron la niña pequeña, se sentó fuera, en una roca y comenzó a hacer collares de rosas.

Uno de los fenómenos naturales más desastrosos en el mundo es el terremoto, y esto deben saberlo bien las personas del Perú, especialmente de la ciudad de Huaraz. Una ciudad tranquila calmada como de aquellas que ya no existen, el terremoto que sufrieron en la decada de los 70 fue uno de los más fuertes ocurridos en toda la historia de este rico país, donde desapareció casi toda la ciudad, con un total de 70 mil victimas fallecidas, de las cuales algunas de ellas ya se sabian quienes eran horas antes del desastre.

Bueno, en los panteones se encuentran las historias más espeluznantes de todo el mundo, por lo que esta historia está dedicada al un panteón que esta a unas calles de mi casa, el cual tuve la suerte y la desgracia de ir a visitar a las 12 de la noche con mi hermano y uno de sus amigos.

Cuando Lorena tenía 13 años solía reunirse con sus amigas del colegio y les contaba historias de terror. Le encantaban la historias de miedo y estaba bien informada, de modo que se reunían en un banco de un parque cercano al colegio y todas escuchaban atentas los relatos de Lorena.

Tenía 6 años. Mi padre me abandonó amí y a mi madre, quedándonos solos, sin dinero, sin nada. Mi madre no aguantó mas y se volvió loca. Pensó que viviríamos mejor en el cielo. Cogió un cuchillo y me lo intentó clavar. Suerte que yo hacía karate, bueno, taekwondo y pude hacerle una llave.

Todos los días trato de llegar a casa antes de las doce de la noche, ya es una costumbre mía y de mi familia, tengo quince años y a pesar de mi edad y de las nuevas costumbres, he tratado de llegar siempre en horario y cuento porqué...

Todo ocurrió un fin de semana en mi casa de campo por llamarlo de algún modo, habia ido con mis padres y un amigo. Se presentaba un fin de semana genial, lo íbamos a pasar en grande, fiestas, piscina, chicas...

Esta historia ocurrió en este mundo de desamor, donde todo se quiere hacer de manera fácil, las cosas pierden su sabor, nadie se arriesga por nadie, nadie permite que el otro se arriesgue. Porque arriesgarse es algo difícil, doloroso, un camino a seguir del cual se desconoce su final, si es que lo tiene.

Cuando era pequeña tenía una manía que era tumbarme en la cama de mis padres y contemplar el cuadro que ellos tenían con una foto de recién casados, cuando yo miraba éste veía como mis padres movían los labios, como que estaban entablando una conversación.

Todo parecia normal. La casa era en realidad una cabaña. Era de tamaño intermedio, con dos pisos, tres habitaciones, un pequeño comedor en el piso de abajo, y un baño. Esta casa estaba situada en un bosque cerca de Aspen, California.

Año 1992, era un sábado cualquiera, estábamos yo con mis amigos jugando fútbol en una cancha cerca de mi hogar durante algunas horas. En éste día siempre se hacían partidos de fútbol por equipos, y justo en éste día estaba la cancha desocupada, y aprovechamos a ocuparla.

¡Gracias Santísima muerte, agradeció Fabiola, mi prima, mientras encendía un par de veladoras a los pies de la figura que era devota no cabe duda que en verdad eres muy milagrosa!

Me desperté sin saber dónde estaba. Sólo se oía el ruido del columpio al balancearse. Sí, eso era. Estaba en un columpio. Alargué mis piernas buscando el suelo, pero no lo encontré. Entonces decidí mirar a mi alrededor. Estaba en una especie de desván cuya única iluminación era un pequeño ventanuco situado a mis espaldas.

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