Hombres Pájaros por Osvaldo Muray

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Hay historias increíbles. Esta es una de ellas. Es tan increíble, que ni yo mismo me la creo, pero los hechos están ahí y no los voy a cambiar ni por muy escéptico que uno sea. El comienzo de esta historia derivó -como una especie de subproducto del terror-, de una historia también muy increíble: la muerte de una joven mujer, en lo que la Iglesia Católica calificó de posesión demoníaca.
Y la creo el summum de lo fantástico, pese a que yo mismo he visto y fotografiado personajes hechos de luz, volando a ras de los cerros que aprisionan el lado nororiente de Santiago. El lugar de los sucesos, es la población Juanita Aguirre, cuyo borde norte es la calle Huechuraba, paralela a la Circunvalación Américo Vespucio, que discurre a orillas de un cordón de cerros donde la palabra fantasía es mezquina para definir lo que en dichos cerros sucede.
Reporteando el caso de la joven poseída, escuché la historia de un hombre-pájaro, cosa que he leído en relatos del siglo pasado, en Londres, y de los años cincuenta, en los Estados Unidos. Pero nunca lo había escuchado en Chile. Tal vez se podría encontrar un cierto, aunque lejano, parentesco con el "Chupacabras", que dimos a conocer en la edición anterior.
Pero este asunto del hombre volador era algo nuevo para mí, a lo menos en la población Juanita Aguirre. La verdad es que publiqué la historia y estaba a punto de olvidarme de ella, cuando una segunda persona involucrada en el caso de la poseída, me relata varios meses después, una historia semejante. Entonces el asunto me quedó dando vueltas, pero no pasó de ahí.

En febrero de este año ya la cosa tomó un cariz diferente: un joven empleado bancario, estuvo quince minutos sin habla, tras ver pasar sobre su cabeza, a no más de diez metros de altura, a un ser volador, blanco, resplandeciente. al lado de mi casa.
Entonces desempolvé las historias anteriores, hice algunas averiguaciones y llegué a la conclusión que, si bien los cerros son escenarios de una realidad indiscutiblemente extraterrestre, en la Juanita Aguirre ronda un misterio tan antiguo como los Ovnis, que creo vale la pena investigar a fondo por parte de alguna institución científica y no por algunos auto designados "investigadores", que sólo desprestigian esta clase de enigmas, de los cuales huyen los hombres de ciencia, temiendo ser confundidos con las chabacanerías y torpezas con que se ha rodeado el misterio más profundo a que se enfrenta la humanidad, por tanto charlatán que se cuelga títulos que nadie les dio.
Lo curioso es que mientras nadie publica en forma seria una de estas historias, nadie habla, nadie recuerda nada. Pero basta con que el suceso salga a la luz pública, entonces la gente pierde el miedo al ridículo y el reportero es literalmente "tapado" con nuevas revelaciones.

La primera vez que supe del hombre volador en la población Juanita Aguirre, ocurrió durante una entrevista que hice a Luis.
De dicha entrevista, copio la parte pertinente al hombre-pájaro:

--"Cuando vino el Santo Padre a Chile, a mí me comisionaron por mi trabajo a la ciudad de Puerto Montt, donde permanecí quince días. Durante mi estadía, me comuniqué con un amigo de la Institución, a la que pertenecía y le pedí que, de vez en cuando, se viniera a dar una vuelta por mi casa, para ver si mi familia necesitaba algo. En ese tiempo, aún no me ponían teléfono. Una noche, mi amigo vino a mi casa y como mi esposa estaba acostada, hablaron por la ventana. También se encontraba presente mi hija mayor."
--"Conversaron de mi estancia en el sur y mi amigo le preguntó si necesitaba alguna cosa o tenía algún recado para mí. Si pasa cualquier cosa -le dijo mi compañero-- me avisas de inmediato y yo se lo comunico a Lucho, a Puerto Montt."
--"En medio de la conversación, de pronto mi amigo se da vuelta por ese sexto sentido de la gente y en un árbol muy alto que había en el patio de mi casa, divisa algo muy extraño. Entonces le dice a mí mujer, Nancy: -¡Mira el tremendo pájaro que hay en el árbol!--. Un pájaro gigante, negro, tan desmesurado, que mi amigo le aconsejó: --¡Nancy, cierra todo y acuéstate!--. Mi amigo se subió a su auto y se fue de inmediato a su casa. Llegó a su hogar, le relató lo sucedido a su mujer, y se acostó "espirituado" por lo que había visto."
--"El me contó todo esto después y luego me lo corroboró mi esposa. Era un bicho inmenso, gigante, negro. Cuando mi esposa me relató el asunto, que ya me lo había contado mi amigo, traté de calmarla y darle ánimo, pero nunca pudo olvidar esa visión tan terrorífica."

A PLENO DÍA
(Foto O. Muray )

La señora Lucía, tarotista, me narró el caso de un hombre-pájaro observado a pleno día, junto a su esposo. Esta segunda versión, sacada a luz sin haber mencionado para nada el suceso anterior durante la entrevista, me dijo que el asunto de los hombres voladores, era algo más que invenciones de la gente. Resulta muy dificultoso creer que la gente se pone de acuerdo en inventar historias para hacer caer a periodistas incautos, máxime cuando el supuesto incauto ha fotografiado centenares de veces las luces que rondan los cerros vecinos y que usted podrá apreciar acompañando esta crónica.

(Foto O. Muray )

La versión que me entregara la señora Lucía, sacada textualmente de la grabación dice:
--"En noviembre de 1993, estábamos en el patio de nuestra casa y directo hacia arriba algo igual que un cóndor, con sus alas extendidas, que empezó a planear en círculos sobre nosotros. Y de repente como que el pájaro sale hacia lo alto y se elevó, pero soplado. Es lo más curioso que nos ha pasado".
P. --¿A qué hora sucedió esto?
R. --"Como a las cuatro de la tarde".
P. --¿Usted conoce los cóndores; a lo menos, los ha visto en el zoológico?
R. -"¡Por supuesto. sí los conozco!"
P. --¿Era del tamaño de un cóndor o más grande?
R. -"Yo diría que más grande; pese a la altura, se veía enorme. Nos llamó la atención, porque el pájaro es cierto, planea mucho rato, pero éste siempre tuvo sus alas rígidas (extendidas) y de repente se fue a una velocidad increíble."
P. --¿Podría haber sido un cóndor o podría no haber sido un cóndor?
R. -"No. Yo diría que no. Era un pájaro, negro insisto, para mí un pájaro puede planear mucho rato con las alas extendidas, pero en algún momento tiene que hacer algún movimiento para seguir sosteniéndose en el aire. Lo que vimos nosotros en ningún momento lo hizo".
P. --¿O sea, podría no haber sido un pájaro?
R. -"Yo, sinceramente, pienso que podría haber sido cualquier cosa menos un pájaro. No lo pensé ni por un minuto y lo comentamos con mi marido. Le dije: --"Si no me equivoco, vinieron unos extraterrestres a visitarnos y se fueron."
P. --¿Lo vio alguien más?
R. -"Nosotros solamente."
P. --¿Cuánto rato estuvo sobre su casa?
R. --¡Estuvo sobre nosotros! Estábamos parados en medio del patio, hacia atrás, donde está la parte del pasto; estaba súper claro; era un fin de semana; él (su esposo) estaba en la casa."
P. --¿No se paró en ningún árbol?
R. -"Nada. Lo único que hizo fue empezar a girar en círculos allá arriba."
Bueno, hasta ahí era una segunda historia de hombres-pájaros. Y nada más. Pero ya eran dos versiones.
Un día un comerciante de barrio que surte de verduras a la población. Mostrándome un ejemplar donde publicara el caso de la poseída, me dijo: --"Ese pájaro negro gigante es una cosa muy antigua aquí en la Juanita Aguirre. Lo ha visto mucha gente; yo mismo lo he divisado de noche sobre la cima del álamo que está frente a mi negocio." Lo tomé con beneficio de inventario y al cajón de las rarezas incomprobadas.

FRENTE A MI CASA:

¿No será cómo mucho?

Al lado de mi casa viven dos hermanas, muchachas jóvenes, en edad de casorio. Y, claro, una de ellas estaba de novia (ahora es señora). Cierto día, me entero de algo increíble; algo así como una exageración, puesto que el reportero que colecciona historias de hombres-pájaros, se le ha paseado por sobre su techo, uno de estos personajes. Pero más en consonancia con los seres de luz que rondan por los cerros cercanos y no con los pájaros negros que atemorizan de día y de noche (¡menos mal!)
El protagonista es el feliz novio de una de mis vecinas. Apenas lo conozco. Mediante "su suegro" enhebramos la siguiente entrevista:
P. --¿Tiene algún problema en contarme la historia y darme su nombre?--. Responde presto y seguro.
R. -"Me llamo Mario, tengo 26 años y trabajo en un Banco".
P. --¿En qué fecha y a qué hora ocurrió este suceso?
R. -"Más o menos a fines de enero de 1996, un día viernes, alrededor de las diez de la noche. Me encontraba en la casa de mi novia. En el Pasaje Ferrada, cerca de Huechuraba, en la población Juanita Aguirre. Estaba en el patio trasero con mi novia y con mi cuñada."
P. --¿Ellas vieron el fenómeno?
R. -"No, ellas no lo vieron, porque estaban de espaldas a lo que pasó. Yo estaba de frente hacia el norte y ellas frente a mí, por lo tanto esto pasó detrás de ellas. "Esto" surgió como del techo de las casas del frente, cruzó todo el sector y se depositó en el árbol que está de espaldas de la casa donde yo me encontraba".
P. --¿Cuánta distancia cree usted que cubrió "esto", en línea recta?
R. -"Una buena cantidad de metros. Yo lo vi volar entre cien y doscientos metros máximo."
Mario revisa sus recuerdos y junto al periodista calculan el tramo que cubrió, en el campo visual del observador, la extraordinaria visión. Al final concuerdan en que el vuelo del ser resplandeciente fue observado no más de ochenta metros, antes de desvanecerse.
P. - Ahora, por favor, descríbamelo lo mejor que sus recuerdos lo permitan.
R. -"No lo voy a olvidar nunca. De partida, era una persona, no era pájaro, de ninguna manera. Supongo que era una persona, por lo grande. Vestía de color blanco, una especie de túnica. Y no movía alas, no movía nada."
P. -Usted dice: "no movía alas", ¿tenía alas?
R. -"No. era como que hubiera sido. bueno, uno supone que tiene alas si va volando, pero una persona no vuela. Y era un persona, seguro."
P. --¿Usted piensa que vestía una túnica?
R. -"Se me imagina que era una túnica."
P. --¿Le vio cara, le vio cabeza?
R. -"Sí, llevaba cabeza. No le vi la cara, por la distancia que nos separaba; pero llevaba cuerpo, brazos y piernas, todo completo."
P. --¿Tenía pantalones?
R. -"La túnica lo cubría entero".
P. --¿Le vio los pies?
R. -"No, no, no, no. Pero pasó lento, no pasó rápido."
P. --¿A qué altura iba, calcula usted?
R. -"Cinco metros de altura".
P. -Los árboles de la esquina tienen alrededor de siete u ocho metros de altura mínima, le aclaro.
R. -"Entonces iba a unos diez metros, pero era muy bajo. Luego de verlo, estuve como quince minutos sin hablar. Estaba tan sorprendido, nunca había visto ni imaginado cosa semejante."
P. --¿Este ser, pareció mirarlo a usted?
R. -"No sé. creo que no. Yo vi que iba directo al árbol."
P. --¿Cómo volaba, vertical (de pie) o acostado?
R. - "Acostado."
P. --¿Qué color, aparte del blanco, tenía. había cierta luminosidad en su túnica?
R. -"Sí, brillaba, como resplandeciente; había un resplandor medio azulino."
P. --¿Los bordes del traje o de la túnica, tenían un color distinto?
R. -"Sí, no era completamente blanca."
P. -Por favor, explíqueme mejor eso.
R. -"Se veía como que el centro era blanco, pero por los costados no era blanco. Es que es algo tan difícil de expresar lo que uno vio."
P. --¿Qué color tenía?
R. -"No sé, no lo podría explicar."
P. --¿No existe ninguna posibilidad que usted lo confundiera con otra cosa, por ejemplo -aunque suene ridículo- con un volantín grande?
R. -"No, de ninguna manera. Yo estoy completamente seguro de lo que vi, y lo que vi no era nada conocido."
P. --¿Hacía ruido?
R. -"Nada, ningún sonido, nada. Que fuera un avión o algo parecido. nada."
P. --¿Volaba al estilo de Superman?
R. -"Exactamente igual."
P. --¿Con los brazos extendidos?
R. -"No, con los brazos pegados al cuerpo. No hacía ningún movimiento."
P. --¿Podría no haber tenido manos ni brazos?
R. -"Podría no haber tenido, pero se me imagina que sí, que los tenía."
P. -Pero, ¿tenía cabeza?
R. -"Sí, cabeza tenía."
P. --¿Cómo era la cabeza, cómo la de un ser humano?
R. - "Como la de un ser humano; y digo que era un ser humano."
P. --¿Cubierta con algún sombrero o algo semejante?
R. -"No, se veía negra. Lo único que se veía negro era la cabeza. Para abajo, era entero blanco. En la cabeza no se notaba nada, sólo que era negra."
P. --¿Pero había algo, en el lugar de la cabeza?
R. -"Sí, desde luego; había una cabeza."
P. --¿Dónde se detiene?
R. -"En el árbol." (El testigo se refiere a un álamo que dista más o menos ochenta metros desde su patio y está en la esquina de Independencia con Pasaje Quito).
P. --¿Por dónde cruzó?
R. -"Desde el frente; como del techo de esta casa del pasaje Ferrada y pasa por encima de la casa de mi novia hasta el álamo." (El testigo aclara que parece haber salido desde un alto ciruelo que frente a su casa y pasa rozando el techo y por sobre su cabeza).
P. --¿Usted lo vio despegar desde el árbol?
R. -"No, por eso le digo que tiene que haber salido de alguna de las dos casas del frente. Venía derecho hacia nosotros y se empezó a abrir hacia allá, hacia el álamo."
P. -Las niñas que estaban con usted. ¿no se percataron de nada de lo que estaba sucediendo?
R. -"Se dieron cuenta solamente cuando vieron que yo no hablaba."
P. --¿Cuál fue su reacción?
R. -"Quedé blanco. Incapaz de hacer ningún movimiento. No podía hablar. Ahí me tomó mi novia y trató de hacerme reaccionar para ver qué pasaba."
P. --¿Ellas no supieron qué le estaba sucediendo?
R. -"Nunca supieron, porque pasó a espaldas de ellas."
P. -Y cuando usted reaccionó, ¿qué les dijo a ellas?
R. -"Empecé a hablar a borbotones; les conté lo que había pasado y las tomé y nos entramos a la casa de inmediato."
P. --¿Cuánto rato cree usted que presenció el paso de este extraordinario ser?
R. -"Unos diez segundos, volando lentamente."
P. --¿Si se lo imaginara de pie, cuánto mediría?
R. -"¿De pie?... un metro setenta. Claro que esto a la distancia. Pero teniéndolo cerca, debe medir mucho más."
P. --¿Usted lo vio detenerse en el árbol?
R. -"Se perdió en el árbol. Se introdujo en el árbol y ya no apareció más."
Esta entrevista se realiza con la copa del álamo a la vista. Invito al testigo a cambiar de posición y el álamo queda casi entero a nuestra vista. Entonces le pregunto:
P. --¿Podría haber pasado de largo sobre el árbol o se estacionó allí?
R. -"Llegando al árbol se desvaneció. Me quedé mirando si lo veía nuevamente, pero no lo vi más. Al rato después saqué el habla."
P. -A más de tres meses de ocurrido este extraordinario suceso, ¿qué reflexiones, qué conclusiones ha sacado de ello?
R. -"Me ha dado miedo. Miedo de haberlo visto. Creo que busca algo; no tengo idea qué cosa puede ser, pero busca algo."


Fuente: http://www.aforteanosla.com.ar

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