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Mientras Dormía relato de Miedo escrito por José Ángel Gómez Fernández.



Una noche mientras dormía me ocurrió algo increíble. Llevaría un par de horas dormido cuando sentí una carga encima de mí, como si algo me aplastase contra la cama, intenté despertarme pero no podía, cosa extraña ya que tengo el sueño ligero y casi cualquier cosa me despierta fácilmente. Me esforzaba en despertarme pero no lo conseguía, era como si algo controlase esa fase del sueño no dejándome escapar de ella. Seguí sintiendo esa fuerza aplastándome, notaba como el colchón se hundía por el peso extra. Luché por despertarme pero era inútil, en sueños grité de rabia, cada vez con más fuerza. De repente oí mi grito, mis cuerdas vocales lo emitieron, conseguí que ese alarido pasase de la fase inconsciente a la consciente, en ese momento me desperté por el fuerte rugido que produje, de alguna manera traspasé esa barrera que separaba las citadas fases a través del chillido y conseguí acceder a la consciencia que me era privada. Raudo y totalmente despierto me dirigí al interruptor de la luz. Antes de encenderla vi un destello rojo en la oscuridad, también me pareció oír un pequeño murmullo, algo gutural.

Mi corazón latía apresuradamente, ya estaba totalmente consciente, y estaba seguro de no haber soñado ni el destello ni el murmullo. Sentí una presencia en la habitación, y no era mi miedo. Miré a todos lados, no vi nada. Al final desconcertado opté por dormirme de nuevo, yo no creía en lo sobrenatural, así que no le di mayor importancia. Seguí sintiendo la presencia, pero recurrí a mi mente científica decidiendo que alguna explicación lógica tendría todo eso, y la verdad importaba poco cual si asumía que era racional y no espiritual, así que resolví intentar dormir de nuevo. Lo conseguí al cabo de cierto tiempo.

Al poco volví a notar algo extraño, ya no era un peso que me aplastase contra el colchón, ahora era algo que tiraba de mí, sacándome de la cama y hundiéndome en el suelo, en una especie de inframundo siniestro. Pero tenía la sensación de que dejaba mi cuerpo atrás, me despojaban de él y me hundía en algo tenebroso. Otra vez no podía despertarme, veía una cegadora luz roja, y una pequeña sombra oscura que emitía un ruido parecido al de un perro iracundo. Grité de nuevo, di un golpe al aire con el puño hacia delante. Me desperté, no estaba en el suelo, estaba en mi cama, pero la mano me dolía, y no había la posibilidad de haber golpeado la pared ni nada, pegué al aire hacia delante, me desperté justo en ese momento, y el puño estaba en el vacío. Estoy seguro de no haber golpeado nada físico. La mano me dolía cada vez más, durante varios días tuve un pequeño moratón. Mi corazón latía cada vez más fuerte, pero ahora era por la rabia, noté que mis músculos se llenaban de una energía impresionante. Obviamente estaba produciendo una ingente cantidad de adrenalina. Mis ojos se colmaron de sangre, lo se porque me picaban intensamente, mi pecho se agrandó por el aire que cogieron mis pulmones, las venas de mis brazos se ensancharon, sentí que debía atacar aunque no sabía a que. Fue una sensación extraña, algo primitivo, como una presa que se siente acorralada y para defenderse se prepara a asestar un único golpe con toda su fuerza. En ese momento sentí como si pudiera tirar la pared de un solo puñetazo. Entonces la lámpara se movió en el techo, como si hubiera una corriente de aire, pero todo estaba cerrado. Luego un sonido en los libros de mi estantería. Y finalmente el silencio más absoluto. Dejé de sentir la presencia.

Algo vino a por mí una noche mientras dormía, lo se. No se que era, ni cuales eran exactamente sus intenciones. Pero si se una cosa. Volverá.

José Ángel Gómez Fernández
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