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Historias espeluznantes

El regreso del vampiro de Highgate

Cuando un grupo de novatos juega con poderes que los exceden, fuerzas ancestrales podrían despertarse. Quedará en las manos de un experto en experiencias sobrehumanas desterrar a la temida criatura.

No pasar

Todo comenzó en 1969 con un grupo de adolescentes aficionados a las ciencias ocultas. Movidos por la curiosidad de las artes de la percepción extrasensorial, se congregaron en el cementerio de Highgate, al norte de Londres.

Pasaron allí una noche de terror. Después de la medianoche, los jóvenes que pensaban que sería una salida divertida, se quedaron mudos al ver una figura gris elevarse sobre una de las lápidas. Novatos como eran, corrieron asustados y abandonaron el cementerio antes de que el espíritu pudiera alcanzarlos.

Cuando pudieron recuperarse de la conmoción, denunciaron en el diario local la presencia de entidades sobrenaturales, y los vecinos del barrio de Highgate también confesaron haber visto fantasmas y otros seres espectrales en la zona.

Henry Price, experto en experiencias sobrehumanas, decidió emprender una investigación propia. Empacó sus herramientas habituales en una mochila: una grabadora de cinta para registrar sonidos extraños; un detector de campo magnético; y una cámara de fotos termográfica para captar imágenes en la oscuridad. Listo para la aventura, caminó las diez cuadras que lo separaban del cementerio y luego trepó las rejas aterrizando con maestría sobre la tierra mojada.

Lo primero que descubrió fue un conjunto de huellas, probablemente pertenecientes a un animal pequeño, que se detenían sin explicación a mitad de camino. Encendió la grabadora y puso en marcha el detector, que no captó fuerzas electromagnéticas significativas. A su vez tomó algunas fotografías, aunque recién podría ver los resultados al día siguiente en el laboratorio.

A medida que se adentraba en lo profundo del camposanto, los sonidos de la ciudad iban quedando atrás. Al pasar junto a una antigua tumba gótica, sintió un escalofrío. Detrás de la lápida yacían tres zorros, muertos. Al examinarlos de cerca, Henry pudo comprobar que los animales tenían profundas heridas en la garganta y estaban completamente vaciados de sangre. La imagen era sobrecogedora.

Al día siguiente, bajo el rojo brillante de la lámpara del cuarto oscuro, Henry reveló las fotografías. A simple vista no se apreciaba nada fuera de lo común, solo árboles, tumbas, senderos. Pero cuando les dedicó una mirada exhaustiva, el vampiro estaba ahí. Henry dio un salto hacia atrás. La figura, cubierta por una capa negra, miraba directamente a la cámara, como desafiándola. Su boca estaba cubierta de sangre.

Los vampiros no eran su especialidad, por lo que tuvo que recurrir a la biblioteca para recabar información que pudiera explicar el extraño fenómeno. En un olvidado y polvoriento libro Henry encontró una pista. A principios del siglo XVIII, el ataúd del príncipe de Valaquia, actualmente Rumania, que había reinado durante la edad media, fue trasladado por fanáticos a Inglaterra. El noble era conocido por practicar la magia negra y se decía que había sido enterrado en el mismo lugar que más tarde se convertiría en el cementerio de Highgate.

Los satanistas deben de haberlo despertado de su sueño eterno, pensó Henry. Al doblar la página, un rústico retrato del príncipe lo miraba con sorna. Lo reconoció de inmediato. El rostro era idéntico al de la criatura de la fotografía.

Todo estudioso de lo desconocido sabe que para derrotar a un ser terrorífico hay que esperar una fecha especial. Para su fortuna, no faltaba mucho para el próximo viernes 13.

El día señalado, se presentó en el cementerio con un crucifijo, una cabeza de ajo y una estaca de madera. Una vez estuvo en el lugar preciso donde el vampiro se había manifestado por última vez, Henry marcó con agua bendita un círculo a su alrededor, y colocó frente a él un cuenco de plata colmado de sangre de cerdo. Con esta ofrenda el vampiro no se podría resistir.

Unos minutos más tarde, Henry sintió una presencia. Al principio no pudo verlo, pero cuando lo tuvo cerca no había dudas de que se trataba del príncipe de Valaquia.

Como había anticipado, el vampiro bebió la sangre de un sorbo, como si hubiera estado sediento por siglos. La imagen era espeluznante: el líquido carmesí caía como hilos de su boca. Incluso Henry, que hasta ese momento creía que no le tenía miedo a nada, se sintió paralizado.

No le quedaba mucho tiempo, una vez que la sangre se hubiera terminado, la criatura iría por su pellejo. La luz brillante de un automóvil que pasó por la carretera lo encegueció de pronto. Henry aprovechó la distracción, tomó el ajo en una mano y la estaca en la otra y lo embistió directo al corazón. Sin demora, la figura se desvaneció ante sus ojos.

Cincuenta años después, los habitantes de Highgate no han vuelto a ver al vampiro que acechaba en el cementerio local.

Un mito urbano que llegó a la televisión

A principios de la década del 70, dos hombres locales se disputaron el descubrimiento de presencias extrañas en el cementerio de Highgate. David Farrant creía que había un fantasma, y Sean Manchester que se trataba de un vampiro. Ambos estaban convencidos de que podían ahuyentarlo.

Fue tal el revuelo, que hasta un canal de televisión (ITV) se ocupó del caso. Todo Londres se mantuvo en vilo mientras veían a Farrant y Manchester desplegar su rivalidad en prime time. Luego de algunas semanas, el público se aburrió de la historia, aunque los dos cazadores continuaron traspasando las inmediaciones del cementerio en búsqueda de lo sobrenatural. Por este motivo, fueron arrestados varias veces hasta que finalmente abandonaron la misión.

Algunos de los personajes célebres que se encuentran enterrados en el cementerio de Highgate son:

  • Karl Marx
  • George Sand (Mary Ann Evans)
  • Henry Moore
  • Elizabeth Eleanor Siddal